Beto Ortiz: “Estoy harto del personaje que tengo que interpretar”

Kamikaze, ególatra, desbocado y exhibicionista, Beto Ortiz lleva, entre idas y venidas, alrededor de 20 años en el panorama mediático del Perú. Cronista celebrado y conductor excesivo, el “coleguita” Beto Ortiz fue despedido de Frecuencia Latina y desprovisto de su columna en un periódico local. Porque es incómodo, porque se pelea, porque no cae bien. Ahora, estrena otra vez un programa nuevo—Enemigos Públicos—y, en esta entrevista, despotrica contra Toledo y grupos de poder, denuncia irregularidades en el caso de América Televisión y alianzas pre-electorales. Luego, da clases de sensacionalismo, se compara al increíble Hulk y admite que no puede convertir en gay todo lo que toca. (Entrevista/Portada de Paul Alonso publicada en la revista Dedomedio, mayo, 2010)

—¿Piensas regresar al Perú?—le pregunté a Beto Ortiz en el 2005, sentados frente a una cerveza en un bar de Nueva York, a un par de cuadras del Washington Square.

—¿Al Perú? ¿A qué?—me contestó.

A los pocos meses, regresaba a Lima y se ganaba, otra vez, los adjetivos con los que la prensa siempre lo ha descrito: por un lado, controversial, polémico, provocador, irreverente; y por el otro, la cuantiosa lista de adjetivos homofóbicos que sólo nuestros pintorescos tabloides pueden recitar. Cinco años después de vivir exiliado en Estados Unidos, volvió a instalar su pulposa humanidad en los medios peruanos y se ha inyectado otra vez esa opiácea sensación de la fama. Ha dado rienda suelta a su necesidad de ser visto, tal como escribió en su primera novela: “Siempre quise ser famoso… ser el héroe, el villano o la doncella, no importaba, siempre que fuera el papel principal. En cualquier escenario pero, eso sí, en el centro, sin que nadie se atreva a hacerme sombra, con todos los reflectores apuntándome directamente, todos los flashes de los fotógrafos deslumbrándome y todos los ojos puestos en mí. Me declararían su amor, su devoción o, en su defecto, su desprecio infinito. Y a mí me daría exactamente lo mismo. Créanme. Me da igual. Porque no se puede odiar a un desconocido. Remember my name. I wanna live forever”.

En este último periodo, ha publicado cinco libros—Maldita Ternura, Grandes Sobras, Mis queridos vándalos, Pequeñas infidencias y Por favor, no me beses— y, junto al actor Aldo Miyashiro, consolidó un programa televisivo de variedades (el late-night show “Enemigos Íntimos”). Este resurgimiento no ha estado exento de conflictos, los cuales desembocaron, otra vez, con Ortiz disparando el ácido contenido de su verbo contra todo lo que se moviera. Quizá porque Beto Ortiz es un generador profesional de conflictos y sabe presentarlos con el talento alambicado de una prosa satírica que suele pellizcar el nervio de muchos tabúes y prejuicios de este pueblo. Y por eso es interesante leerlo, pero esto también le ha supuesto tener una lista abreviada de amigos—la periodista Claudia Cisneros, amiga de él por 17 años, terminó hace poco su amistad de la siguiente manera: “Sólo mereces desprecio”. En todo caso, lo que merezca Ortiz sólo lo sabrán los amigos que le quedan; lo que merezca su obra, sólo lo sabrá el tiempo; y lo que merezca su quehacer mediático, lo decide esa masa amorfa que llamamos el respetable público.

Tu accidentada salida de Frecuencia Latina fue explicada por diferentes motivos—la función del gerente Javier Urrutia, tus encontronazos con Bayly, el programa que le dedicaste al caso Crousillat. A raíz de esto apuntaste restricciones a la libertad de prensa. ¿Cuáles crees que son actualmente las principales fuerzas y tensiones que restringen la libertad de expresión en el país?

Es la misma historia de siempre: políticos y medios de comunicación matrimoniándose en secreto cuando las elecciones se aproximan. Y periodistas que, con nuestra impertinencia, ofendemos la inmarcesible santidad de tales alianzas. La única novedad de esta nueva censura frente a todas las que se me han aplicado en el pasado es que, esta vez, no se trata de una presión ejercida desde el gobierno sino desde la poderosa, avasalladora maquinaria propagandística del candidato Toledo, vale decir, desde el monolítico Grupo El Comercio/La República que necesita, a toda costa, que el artífice de la oscura transferencia que permitió a Miró Quesadas y Mohmes hacerse de América Televisión, sea presidente otra vez para que les garantice la perpetuidad de su próspero monopolio de la información.

Es cierto que hubo una denuncia por la adjudicación de Canal 4 a El Comercio/La República, pero fue abortada porque se hizo con un audio fraguado. En todo caso, ¿por qué esta supuesta alianza Toledo/ El Comercio/La República pediría tu cabeza a Ivcher y Frecuencia Latina si son su competencia?

Primero: No “hubo” una denuncia, la hay. Y eso no es una opinión, es un hecho. Por lo que él considera el despojo ilegal -o sea el robo- de su canal, José Enrique Crousillat ha denunciado a 56 personas, desde Toledo hasta Luis Miró Quesada Valega pasando por Chicho Mohme, César Almeyda Tasayco y Jose Ugaz. Y la denuncia ha sido admitida por el Ministerio Público que está procediendo a citar a todos los denunciados a rendir su declaración. La fiscal decidirá si acusa o archiva pero, insisto: la denuncia no fue abortada, el embarazo continúa con normalidad. Que todos creamos que ya no existe es consecuencia del consumo exclusivo de una prensa monocorde que solamente nos informa el lado que más le conviene de cada historia. Segundo: como no quería ser incluido en la voluminosa denuncia de Crousillat, el ex presidente del Banco Wiese, Eugenio Bertini, aceptó libre y voluntariamente que el abogado Jorge Castro lo grabara contando lo que contó: que el entonces presidente Toledo lo citó en su casa para hablar personalmente del delicado temita de la precaria situación de América TV. Que tiempo después Bertini aparezca con su mejor cara de autogol, en las pantallas del mismísimo canal en discordia, a decir que él no dijo lo que dijo no convierte ese testimonio en un “audio fraguado” ni mucho menos porque ni siquiera se grabó a escondidas como sí se grababan todos los vladivideos -los de Bertini incluidos- de cuya validez legal jamás se ha dudado.

¿No tiene sentido también pensar que Bayly pidió tu despido?

En el hoy célebre programa “autorizado por la presidencia del directorio de Canal 2″ en que -con permiso de Javier Urrutia que sí vio la grabación- le dijo alcohólico, matón, ignorante y retardado mental a Baruch Ivcher (que no vio la grabación), Jaime Bayly se jactó también de que él le deja a Frecuencia Latina, tres millones de dólares de ganancias publicitarias anuales. Eso es verdad. Ahora bien, “El Francotirador” es un programa de dos horas que se emite una vez por semana. Eso significa que son ocho horas de programa al mes. “Enemigos Íntimos” era un programa diario de hora y media de duración. Eso, en un mes, son treinta horas de programa. ¿Dónde creen ustedes que entrarán más comerciales? ¿En ocho horas o en treinta? Obvio que las tarifas del prime-time dominical son distintas pero por muy altas que éstas sean no hay manera de que vendas más plata en ocho horas que en treinta. Por eso, Aldo Miyashiro le preguntó el otro día al también despedido Javier Carmona cuánto vendía “Enemigos Íntimos” al año y su respuesta nos dejó huevones: Cinco millones de dólares, cuñadito. Pregunta: ¿Qué directivo de televisión mínimamente inteligente arrojaría al tacho esa cantidad de dinero sólo para satisfacer la pataleta histérica de un señorito plumoso y relamido? Respuesta: Ninguno. Si fuera cierta la farandulera hipótesis de que Bayly “me sacó” del Canal 2, ¿debería suponer que también fue él quien censuró mi columna de Perú.21? P-p-p-please, ¿también Dedo Medio es propiedad de la corporación o qué cosita les pasa?

Pero Toledo aún es un candidato pequeño y es dudoso que tenga la capacidad de negociación que le atribuyes para crear esas alianzas…

Si gana Keiko, ¿le devolverá canal 4 al tío Crousillat? Of course, baby. Si gana Castañeda, ¿dejará canal 4 en manos de quienes son hoy su peor dolor de culo? Ni a cañones. Si gana Humala, ¿dejará en paz al más aplastante imperio de comunicaciones que haya existido nunca en este país clasista? Manan, ¡carajo! Pero si gana Toledo….ohhh, qué lindo sería todo, ¿no?, qué perfecto. Si quieres saber cuántas velas le prenden los Miró Quesadas y los Mohmes a Toledo basta con contabilizar cuántos dardos le disparan a Castañeda, a Keiko y a Humala y a esa cifra súmale la cantidad industrial de cherries que le han hecho a Toledo el decano, La República, Perú.21, El Trome, Gestión, América TV y Canal N solamente en el último mes. Pero mejor suma con calculadora porque a mano te vas a cansar. A un año de las elecciones no hay candidato pequeño, darling. Si no me crees, pregúntaselo a Fujimori que en enero de 1990 tenía 6% y tres meses después le ganó a Vargas Llosa y se quedó en palacio los diez años que siguieron. ¿Toledo, candidato pequeño? Gimme a fuckin` break!

Ya, I’ll give you a fuckin’ break. Pasemos a otro tema. Desde el programa que tuviste en Canal A en el 2000, que sirvió como trinchera crítica a Fujimori, hasta este nuevo Enemigos Públicos has construido sobre un género de TV que mezcla periodismo con entretenimiento. ¿Cuál crees que es la mejor manera de combinarlos?

Hay muchas maneras pero la fórmula de El Tromercio es mi favorita. Atención, estudiantes de Ciencias de la Comunicación, ¿quieren aprender? Echemos juntos un vistazo a los titulares de su web, siendo las trece horas con veinte minutos de hoy miércoles 21 de abril de 2010: “Aparente confesión de homosexualidad del actor porno Rocco Sifredi causa polémica en Internet”; “Argentina prohíbe videojuego que permite violar a una mujer por venganza”; “Aparecen nuevas fotos de Laura Bozzo en ropa de baño”; “Evo Morales aseguró que los transgénicos provocan homosexualidad y calvicie”; “Escándalo: Juan Gabriel demandado por violación sexual a menor”. ¿Qué tal?, ¿No les parece espiritualmente edificante, poéticamente inspirador y profundamente educativo?, ¿Alguien podría dudar de que se trata de una lectura constructiva, progresista, cívico-patriótica y moralizadora? Y todo esto, claro, regiamente empaquetado en el papel de seda de la presunta decencia del insospechable decano, en su nobilísima tradición de independencia y veracidad. ¿No es genial? Nadie podría mezquinarles tampoco el inmenso mérito de haber inventado lo que podríamos llamar “La Prensa de la Duda” pues..¿qué condicional ni qué ocho cuartos?, las noticias de portada las escriben…entre signos de interrogación! ¿Es fulanito corrupto? Lo máximo. Gracias El Tromercio por haber revolucionado el periodismo ahorrándonos las incomodidades de tener que verificar si la información es verdadera o falsa.¿Es mengana, prostituta? Maybe, quién sabe, de repente, perhaps. O sea, averígüelo,Vargas.

Alguna vez dijiste que te gustaría hacer televisión de un nivel intelectual, digamos, más estimulante, pero que en ese caso nadie vería el programa. ¿Hay algún límite en esta negociación?

Me copio la respuesta que Miyashiro le dio una vez a esa misma pregunta: el imperativo del rating nos impide hacer el programa que quisiéramos hacer y nos conmina a hacer el programa que hay que hacer. Un día somos felices entrevistando a un escritor que ambos admiramos que es Mario Bellatín y al día siguiente llega el rating y no nos ha visto absolutamente nadie, ni su madre. ¿Qué te queda? Pues esa noche te traes a la Tigresa del Oriente que se te abalanza con sus garras y los números te vuelven a sonreír y regresas al glamour achori de las primeras planas del “Ajá”. Es triste pero es así. Welcome to the jungle. De vez en cuando podemos consolarnos metiendo, de contrabando, una campañita social, una denuncia en serio o un temita de cultura, pero así suavecito nomás, solapa, como quien no quiere la cosa y muy de vez en cuando pues, si llegan a darse cuenta, nuestros amables televidentes salen huyendo despavoridos.

Aunque eres una celebridad local y un regular de las secciones de espectáculos, siempre te has aferrado a una identidad de periodista, de coleguita. ¿En qué consiste esta identificación?

En primer lugar, permíteme la inmodestia de reivindicar la autoría del vocablo “coleguita”. Ahora que se ha puesto tan de moda, aprovecho para recordar que los derechos de propiedad intelectual sobre esta palabrita me pertenecen. En segundo lugar: sí, coleguita soy y no me compadezcas. La única palabra que podría definirme es esa: reportero. Eso soy y eso voy a ser hasta que me muera. Si me botan de todos los canales y de todos los periódicos y me mandan al exilio, ¿qué cosa queda? ¿Un cocinero? No. Queda un reportero haciendo lomo saltado. Si me pasas -nuevamente- por una gigantesca moledora de carne, ¿qué cosa queda? Carne molida, claro, albóndigas. Pero albóndigas de reportero.

Hay algunos lugares comunes entre la gente que comenta sobre ti. ¿Cuál es tu opinión sobre los siguientes?

*Beto Ortiz es un cronista y escritor talentoso, pero desmerece su talento haciendo a veces televisión frívola, farandulera o de mal gusto.

Escribir una columna me cuesta treinta veces más trabajo que hacer un programa. Pero hacer un programa me paga treinta veces más que escribir una columna, de modo que yo espero poder seguir desmereciendo mi talento por muchísimo tiempo para así no terminar mis días convocando a colectas públicas de solidaridad desde mi cama del Hospital Loayza que es como terminan todas las glorias de nuestras letras y todos los patrimonios vivos de la nación.

*Beto Ortiz ha copiado a Bayly—ambos han hecho espectáculo de su homosexualidad, son escritores de tinte autobiográfico, buscan protagonismo constante en la TV, circulan fácilmente entre el periodismo sobre asuntos sociales y políticos relevantes y el circo de la pintoresca farándula local. ¿Qué tanto crees que puede haber influenciado Bayly a tu personaje mediático y cuáles crees que son las principales diferencias entre ambos?

En ninguna parte existe un curso que te enseñe cómo conducir un programa de televisión. Para lograrlo sólo tienes que aprender a pararte frente al toro tremendo de la cámara en vivo e ingeniártelas para encontrar una manera de atravesar el vidrio. Fácil no es. Muchos buenos periodistas -como Gorriti, por ejemplo, como Maritza Espinoza o como Tafur- lo intentaron y se estrellaron trágicamente contra el vidrio. ¿Qué se necesita para atravesarlo? No lo sé. Pero sea lo que sea, es algo que solamente puedes aprender viendo televisión. Y cuando yo estaba en el colegio, los que salían en la tele eran Tealdo, Hildebrandt, Guerrero, Baella Tuesta, Bayly y Roxana Canedo, así que de todos debo haber sacado un poquito. Y en cuanto a la escritura, bueno, si los lectores de hoy no se percatan de la diferencia que hay entre lo que Bayly y yo escribimos no importa porque ya se darán cuenta algún día, cuando los dos estemos ya convenientemente muertos.

Pedro Salinas alguna vez se ha referido a ti como el Fernando Vallejo peruano, aunque tus crónicas a veces recuerdan más a Lemebel. ¿Existe algo como una tradición de literatura homo-erótica con la que te identificas?

A ver, a ver, varias cositas. Primero: Afirmar que las crónicas que escribo son “homo” tiene tanto sentido como decir que un tacu tacu es “homo” porque yo lo cocino o que una bicicleta es “homo” porque yo la monto. El homo soy yo y no mi circunstancia. Carezco del poder de convertir en gay todo lo que toco. Ya quisiera. Segundo: Nunca hay que creerse los halagos desmesurados de ese zalamero encantador que es mi amigo Pedro Salinas. Cuando leí en “Rajes del Oficio” que me describía como “nuestro Fernando Vallejo en zapatillas” pues, lógicamente, mi ego experimentó una entusiasta erección y casi, casi me la creo pero cuando avancé unas páginas del libro y leí que presentaba a Fernando Vivas como “uno de los alfiles más incisivos del periodismo escrito” me caí violentamente de mi nube, olvídate, aterricé de muelas. Yo no sé si mis crónicas recuerden más a Vallejo, a Lemebel, a Eloy Jáuregui o a Renato Cisneros. En todo caso y puesto a escoger, preferiría que mis crónicas recuerden más a Beto Ortiz, si me permites. Y finalmente, tercero: ¿Tradición homo-erótica? Mira, si yo leo a un autor es por lo bien que escribe y no por lo poco o mucho que le guste la pichula. Lo que he estado leyendo últimamente es Mario Levrero que era un uruguayo, fotógrafo, guionista de historietas, humorista cascarrabias, genio desbocado, autor de unos de los títulos más chéveres del mundo, (“La máquina de pensar en Gladys”) y, mira tú, heterosexual.

¿Qué otros autores han marcado tu escritura?

No dejaré que me arrastres de los pelos hacia el pampón agreste de la huachafería, me niego a ponerme a inventariar los grandes nombres que han “marcado mi escritura” El único que verdaderamente me ha marcado es Fritz Du Bois de Perú.21 que se ha visto presionado a dejarme sin la bonita columna que publico desde hace 15 años y me ha cagado, pero más ha cagado a sus propios lectores. Y no porque no me puedan leer a mí sino porque ahora no les queda más remedio que agonizar inexorablemente con los mortíferos bodoques trancaculo que perpetra un tremebundo señor que responde al nombre de José Miguel Oviedo y que es más aburrido que bailar perreo chacalonero con tu hermana.

Tus enemigos contextuales—últimamente Bayly o Medina—suelen amenazarte con mostrar un archivo de denuncias contra ti por abuso de menores. Esta misma causa fue utilizada en una guerra sucia contra ti hace varios años. ¿Existe este archivo? ¿Qué contiene? ¿Hay alguna razón real por la que podrías temer ante estas amenazas?

A fines de 1999, antes de que yo tuviera programa propio y cuando sólo tenía una secuencia en un espacio mañanero de Canal A, comencé a entrevistar políticos de oposición y a criticar la cobertura de los canales vendidos a la mafia. A guisa de escarmiento ante tamaña osadía, la dupla Beto Jara & Bresani convirtió un grotesco parte policial en “juicio” y me fabricó ese Frankestein en la portada de dos de sus más pútridos pasquines chicha : “El Tío” y “El Mañanero” Luego, en enero del 2000, en el canal de los Winter, la emperatriz de la caca se encargaría de instalar ese chip como una larva de alien en el cerebro de varias generaciones de peruanos que seguirán repitiendo esa leyenda infame como loritos por los siglos de los siglos, amén.

Te vi en Nueva York en el 2005, cuando estabas exiliado. Te pregunté si pensabas regresar al Perú y me contestaste que no. A los pocos meses regresaste a Lima. ¿Qué fue lo que te hizo volver y cómo te sientes ahora con respecto a eso?

La única razón por la que renuncié a mi ventajoso status de asilado político en EEUU y volví a casa fue porque me aterrorizaba la idea de que mi madre muriera en mi ausencia. Yo regresé en octubre del 2006 y ella murió en enero del 2008. Ahora, en abril del 2010 siento que cada vez son menos las cosas que me atan al Perú. O, para decirlo de otro modo: cada vez son más las cosas que me desatan de él. Hay días en los que me levanto por las mañanas, miro por la ventana y digo: ¿Y esto era lo que tanto extrañaba? Es gracioso, no sé por qué me empeño tanto en quedarme en un lugar donde no puedo ni escribir ni enamorarme, donde tanta gente me aborrece y donde siempre me van a terminar sacando tarjeta roja en todas partes. Como puede verse, más que aburrido, estoy podrido. Repodrido de este personaje medio monstruoso que tengo que llevar puesto para sobrevivir en Lima y que hace rato que me terminó de llegar al huevo. La única manera de volver a quitármelo es mandándome mudar de nuevo. Y lo más probable es que eso sea lo que termine haciendo: zafar culo como zafa el increíble Hulk cuando ha terminado de hacer mierda todo, cuando empieza a sentir que el verde de la piel se difumina.

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