Oswaldo Reynoso: “el creador captura el aroma de una época”

REYNOSO90x120Desde la aparición de su libro de relatos “Los Inocentes” (originalmente publicado como “Lima en rock”) en 1961, Oswaldo Reynoso empezó a convertirse en un autor de culto y en un blanco de la crítica conservadora. El escritor José María Arguedas celebraba el surgimiento de Reynoso (Arequipa, 1931) como un nuevo tipo de narrador peruano dotado de un estilo inédito: “la jerga popular y la alta poesía reforzándose, iluminándose”. (Entrevista de Paul Alonso publicada en El Nuevo Herald de Miami septiembre 2, 2007)

En medio del caos de una urbe que crecía y se transformaba, Reynoso capturó la esencia de la periferia. Con una prosa coloquial y poética habló de jóvenes marginales, de sexualidad desbordante e indiscriminada, de excesos y sublimación, de un sistema que excluía y condenaba. Adueñándose de las técnicas narrativas más arriesgadas de su época y desarrollando un estilismo preciso de la palabra, condenó a sus personajes –aquellos ángeles caídos– a ser eternamente más jóvenes. La aparición de su obra provocó que algunos dijeran que su “destino natural” era la basura; otros pedían que se excomulgue al autor en nombre de la moral y las buenas costumbres. Reynoso siguió escribiendo con los mismos riesgos y se dedicó a la docencia. De este periodo, destacan su novela “En octubre no hay milagros” (1965) y la experimental “El escarabajo y el hombre” (1970). Dentro de las más recientes, “En busca de Aladino” (1993), “El goce de la piel” (2005) y “Las cuatro estaciones” (2006). Más de 40 años después de que la crítica añeja lo llamara “morboso e inmundo”, se ha publicado ya el segundo tomo de su obra reunida y se le considera uno de los autores más importantes de la generación del 50.

Los reconocimientos de los últimos tiempos y la publicación de su obra reunida finalizan la época de una crítica que fue mezquina con usted.

Sí, y me agrada. Me gustaría que quede como ejemplo. En el Perú, no se hace una auténtica crítica. Las reseñas que salen en los periódicos suelen ser muy recortadas o hay cierto amiguismo, argollas. Me he dado cuenta que algunos escritores jóvenes publican literatura y están muy interesados en lo que va a decir esta crítica. Si se dejan llevar por eso y creen que es lo fundamental, algunos van a dejar de escribir o van a torcer su verdadera vocación. En mi caso no me interesó lo que dijeron, lo que me insultaron. Yo seguí escribiendo porque consideraba que era mi vocación y lo que tenía que hacer.

Escritores jóvenes tocan a su puerta y usted suele leer con detenimiento sus textos y comentarlos. ¿Por qué esta apuesta generosa por los noveles?

Porque es lo que falta en el Perú. Yo tuve la suerte de tener buenos guías, como Arguedas y otro gran poeta vanguardista, Manuel Moreno Jimeno, quienes guiaron mis lecturas y leyeron mis trabajos. Pero también descubrí que había alejamiento y petulancia por parte de algunos escritores. Creo que un escritor no debe aislarse, debe estar dentro de la realidad. Además, el Perú es un país con tantos analfabetos funcionales, los muchachos que terminan secundaria no comprenden lo que leen, ya no hay libros en los hogares, la gente no sabe expresar con claridad su pensamiento. Yo creo que la labor de un escritor además de escribir es hacer docencia, pero no una escolarizada, sino una social. Después, debe haber harta libertad en las cosas que se publican. De ahí, si la obra está bien o mal, ya es algo que el tiempo decide.

Andinos, criollos y violencia

En su departamento en el barrio de Jesús María, en Lima, Oswaldo Reynoso escribe una novela ambientada en Huamanga en los años sesenta y que se proyecta en tres tiempos. Es allí donde para Reynoso se prepara un “cóctel molotov” que luego tendrá que ver con la violencia política. Un tema espinoso sobre el que se han publicado recientes novelas premiadas internacionalmente e incluso una antología de textos. Reynoso, cuyas posturas políticas suelen ser polémicas, es un autor que ha sabido combinar y enfrentar su ideología particular con la creación literaria. Una dualidad que suele ser confundida. Esto quedó claro en una intensa polémica entre escritores, periodistas e intelectuales peruanos el 2005 en la que se denunciaba una supuesta “mafia cultural” y se enfrentaban dos grupos imposibles: andinos versus criollos.

¿Cree que dejó algo aquella polémica?

El problema no era de criollos ni de andinos. El problema en el Perú es que a lo largo de su historia cultural se forman argollas que manejan el poder de la opinión y de la crítica. Y se refiere no sólo a la literatura y al arte, sino también a la política y a todos los sectores de la vida social. En el caso de la cultura, el espacio en los medios de comunicación es muy pequeño. Eso crea poder. Y decir a los que tienen ese poder criollos y a los que no andinos, me parece una tontería. Por otro lado, en una verdadera polémica literaria deben ventilarse posiciones frente al arte y la novela. En este caso no hubo un verdadero intercambio. Estuvo mal dirigido.

¿Pero fue saludable que existiera?

Eso sí. Porque se exhibieron algunos males y lacras de la sociedad peruana en lo que se refiere a la opinión y a la apreciación de la literatura.

En los últimos años, se han publicado novelas premiadas sobre la violencia política. ¿Qué le parece este reciente interés editorial?

En el Perú hay una copiosa literatura sobre el tema. Se ha dicho que hay más de 60 novelas sobre la violencia, y una gran cantidad de cuentos. He asistido a muchos congresos de escritores realizados en Puno, Abancay, Huancayo, Huanuco, Pucallpa, y ahí se han leído fragmentos de textos muy buenos. Lo que pasa es que no ha habido la difusión necesaria. Con los premios, da la impresión de que recién se comienza a hablar de la guerra interna en el Perú. Se puede decir que desde el momento en que esta se inicia se escribe.

Usted ha distinguido entre “escritor” y “creador”. Dentro de esta diferenciación, ¿la novela que está trabajando ahora aborda el tema de la violencia?

El escritor es alguien que ha logrado dominar su expresión escrita y tiene facilidad para escribir un artículo, una crónica, una novela. En cambio, el creador es alguien que considera que su lenguaje es un elemento para producir belleza y no solo para la comunicación. La poesía no sólo se escribe en verso, también es prosa. Y eso se está olvidando. En mi novela, la guerra está ahí, pero no se dice. Le dejo los datos a los sociólogos, estudiosos y demás. Para mí, el creador captura el aroma de una época.

3 comentarios

Archivado bajo Entrevistas

3 Respuestas a “Oswaldo Reynoso: “el creador captura el aroma de una época”

  1. Mario Aviador

    escuché que Oswaldo estaría de gira por Tacna. desde aquí celebramos su visita y desde ya le garantizamos un lleno en el auditorio. Al menos colegiales de la institución donde laboro estarán atentos y puntuales a la disertación del maestro. Será en Julio-2008 cuentan.

  2. boris

    son unos tontos no pnen sus obras

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