El biógrafo de George W. Bush

'Bush es un idiota funcional que no estuvo a la altura del cargo'

El periodista neoyorquino Bill Minutaglio considera al último presidente norteamericano como un anti-intelectual. Así lo escribió en la celebrada biografía que publicó en 1999 sobre el entonces gobernador de Texas. Ahora, después de ocho años de uno de los más nefastos gobiernos de Estados Unidos, el biógrafo habla sobre el mayor “idiota funcional” de la dinastía política de los Bush. (Entrevista de Paul Alonso publicada en la revista peruana Dedo Medio, febrero , 2009)

El presidente número 43 de Estados Unidos, George W. Bush, terminó su mandato el 20 de enero de 2008 con 73% de desaprobación en el país. En su última conferencia de prensa como presidente dijo que el juicio final sobre su desempeño estará en manos de la historia y que él hizo lo correcto durante su gobierno marcado por los atentados del 11 de setiembre de 2001. Sin embargo, hay consenso sobre su legado y los momentos más críticos de esta era Bush: la guerra en Irak y Afganistán, las acusaciones de tortura y violaciones de Derechos Humanos (como las prácticas en la prisión militar de Guantánamo o las torturas contra los prisioneros iraquíes en la cárcel de Abu Graib), su torpe reacción ante los desastres del huracán Katrina en Nueva Orleáns y la generalizada crisis económica. “La historia no será generosa con él” dice Minutaglio, quien hace 10 años publicó la biografía del ex presidente titulada **Primer Hijo: George W. Bush y la dinastía familiar de los Bush** (Random House, 1999), un documento premonitorio que ha sido comparado con los trabajos de la mejor tradición del periodismo narrativo norteamericano.

Cuando escribiste la biografía de George W. Bush, ¿pensaste que sería el presidente en que se convirtió?
Sí y no. Pensé que estaría más dispuesto a escuchar a los demócratas. Sin embargo, las cosas se polarizaron rápidamente bajo su mandato. En ese contexto, mi libro notó consistentemente que no era un gran intelectual, que no era un lector ávido, que no tenía un gran conocimiento de historia. Lo llamé un anti-intelectual varias veces en 1999 y 2000, antes de que fuera electo. Así que no me sorprendí cuando ese aspecto de él se reveló en la Casa Blanca. Me sorprendí, más bien, de que otra gente se sorprendiera.

¿Ha cambiado tu opinión sobre Bush desde que escribiste su biografía?
No realmente. Sabía que era combativo, que veía el mundo en términos de blanco y negro, que le gustaba delegar la autoridad a otros (como Cheney), y que era bastante más conservador de lo que la mayoría de periodistas había imaginado. Escribí que era un orador torpe y que no estábamos ante ningún visionario. Así que en realidad no fue para mí ninguna revelación. Hubiera querido que más gente lea mi libro—¿no es acaso lo que todo escritor quiere?—para que supieran ante quién estábamos.

Como anuncia el título de tu libro, el principal acercamiento al personaje fue a través de su familia y lo que ésta representaba. ¿Qué tan influyente fue la herencia Bush en la constitución política de George W.?
Fue una gran influencia. No creo que la única razón para que se lanzara a la presidencia fuera que quería vengar a su padre. Eso sería absurdo. Pero pienso que sus políticas estuvieron a menudo bastante definidas por su linaje, por la manera en que fue criado. Además, heredó la inmensa red de contactos de los Bush, que fue la que lo ayudó a ganar la presidencia dos veces.

Al enfocarte principalmente en el ambiente familiar y la personalidad de Bush, tu libro no revisó demasiado sus decisiones políticas o su desempeño como gobernador de Texas. ¿Qué tanto enfoque político permite una biografía?
Creo que mi libro tenía la dosis correcta de enfoque político. El puesto de gobernador de Texas es muy débil. Tiene poco poder patente en términos de crear leyes y políticas. Es, en muchos sentidos, una figura simbólica. En el libro subrayé que era un conservador y uno podía deducir que si llegaba a la presidencia lo sería. Cualquiera que pensara que iba a ser un moderado o de centro era un tonto.

PRIMER HIJO: BIOGRAFÍA Y PODER

Cuando apareció **Primer Hijo**, Minutaglio se convirtió de pronto en un especialista sobre George W. Bush. Daba varias entrevistas al día, salía a menudo en televisión y el libro fue reseñado con ahínco. Elogiado y criticado tanto por conservadores y liberales, su obra llenaba en ese momento un vacío de información acerca del futuro presidente. David Broker, ganador del premio Pulitzer y una autoridad en periodismo político, celebró el texto en el Washington Post: “[el libro de Minutaglio] no tiene prejuicios evidentes—ni adulatorios ni cínicos”.

¿Escribir sin prejuicios evidentes es la meta principal del periodismo narrativo?
Es lo que una biografía debe buscar. Es mucho más difícil que tomar una actitud partidista, ya sea de defensa o de ataque. Hay que mostrar los hechos para que los lectores decidan. Yo traté de hacer eso de manera creativa, porque, para mí, el objetivo del periodismo narrativo es contar una historia de tal manera que la gente se quede leyendo hasta el final. Es muy simple en términos de definir el objetivo, pero es bastante más difícil de lograr. No es como redactar una crónica con escritura florida o vívida. Se trata de una composición de largo aliento, como un guión cinematográfico que se despliega en el tiempo de un momento a otro. Esta narrativa supone un rigor intelectual que toma mucho tiempo y energía.

¿Cómo fue el proceso de investigación y entrevistas para hacer el libro?
Pasé un año trabajando en el libro y contraté a varios asistentes de investigación para que me ayudaran. Entrevistamos a más de 300 personas, acumulamos miles de páginas de documentos, y viajamos por todo el país. Tomé un año sabático de mi trabajo en un periódico. Dediqué dos años de mi vida a estudiar y hablar sobre otro ser humano con gran detalle—estudié su mente, sus políticas, su comportamiento, la comida que le gustaba, la música que escuchaba, las escuelas a las que fue, y los libros que leyó, etc. Tras la elección del 2000, tuve que escribir una versión actualizada del libro. Acabé cansadísimo: escribí 20 mil palabras, en dos días, y tuve que mantener el mismo estilo narrativo del original.

Entrevistaste a Bush en persona. ¿Qué impresión tuviste de él?
Supe que Bush me llamaba “Mononucleosis” cuando yo no estaba presente. Lo entrevisté dos veces en su oficina, por alrededor de 90 minutos. Varios meses después, me mandó una carta diciendo que nunca lo había entrevistado. Pero sí lo había hecho. Me senté con él en su oficina y tomé notas. Bush decía que no era una entrevista “formal”. Pero él habló; yo tomé notas; él me podía ver haciéndolo. Incluso me dio nombres de personas a quienes podía llamar. Él y su gente estaban muy preocupados por mi presencia y mi trabajo. Consideraban que podía ser un radical; es decir, alguien de los medios con quien no habían trabajado antes. No confiaban en mí ni tampoco les caía bien. Tengo la sensación de que en algún momento rastrearon mi trabajo como escritor y descubrieron que principalmente había escrito sobre temas de injusticia, de pobreza, sobre los marginales de Estados Unidos. Creo que esto los asustó. Pensaron que mi libro era un acto abyecto de lucha de clases. Sus asesores me dijeron que estaban preocupados de que a Bush se le viera como un tipo rico que heredó muchas cosas. Y en parte, así lo retraté, porque era cierto.

¿Qué excentricidades encontraste en George W. Bush?
Sus equivocaciones con el lenguaje son legendarias. Están más allá de lo excéntrico; apuntan a un problema más profundo. La prensa ya lo ha tildado de idiota funcional. También me pareció interesante que él llamara a la gente en quien confiaba “un buen hombre”. Era como su código secreto expresar confianza. Sonaba como algo de la Mafia. Quizá por eso en el libro cité a Mario Puzo, el autor de **El Padrino**.

¿Cómo definirías el legado de Bush?
Fue un fracaso frente al gran momento histórico que sucedió durante su mandato. No pudo congregar a la nación después del 9/11, su manejo del huracán Katrina fue un desastre, dio demasiado poder a Cheney, y nunca se disculpó de manera adecuada por el fiasco de las armas de destrucción masiva. Se le recordará mejor por el trabajo de su gobierno en combatir el SIDA en África y algunos asuntos domésticos en el área de salud. Pero eso será opacado por su liderazgo durante la guerra y los problemas de la economía.

¿Cuál fue su peor error de política interna?
Nueva Orleáns. Dejó que una de las ciudades más valiosas e importantes del mundo se devastara, y nunca trabajó lo suficiente para mejorar la situación después del huracán Katrina. Nueva Orleáns cambió el mundo porque era una fuente inacabable de jazz, blues y rock. Su impacto cultural ha sido inmenso. Bush nunca hizo suficiente para resucitarlo. Debió haberse mudado allí, y hacer que el lugar reviva.

¿Cuáles son sus virtudes?
En realidad, no sé, porque debe haber cambiado mucho desde que lo conocí. Hace una década sus virtudes eran lealtad a los amigos, era conversador, se entregaba mucho a la familia. No sé si conservará esas virtudes.

¿Cómo crees que será recordado?
La historia no será generosa con él. Dudo que siquiera los conservadores se embarquen en un intento coordinado y revisionista de revalorar su legado, como lo hicieron con Ronald Reagan y Richard Nixon. La revaloración de Reagan es una alucinante estafa política del movimiento conservador, por sus niveles y proporciones de engaño. Reagan tenía una ignorancia enciclopédica, sin embargo, ha sido aclamado como un presidente visionario. A pesar de sus políticas externas, Nixon tenía una naturaleza insidiosa en sus afanes de poder. De cualquier manera, no creo que suceda con Bush. Ni siquiera se acercó a utilizar bien el poder simbólico de su puesto como presidente. Simplemente, no estaba a la altura.

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