Lo nuevo del viejo Coppola

Coppola: "Las cosas por las que te despiden cuando eres joven son las mismas por las que ganas reconocimiento de por vida cuando eres viejo”

Coppola: "las cosas por las que te despiden cuando eres joven son las mismas por las que ganas reconocimiento de por vida cuando eres viejo”.

Francis Ford Coppola está de vuelta con el cine de autor que lo inmortalizó. La película se llama Tetro, un drama familiar de inmigrantes italianos en la Argentina. Con 70 años, el director de El Padrino y Apocalypse Now se hartó de hacer concesiones comerciales. Ahora financia él mismo sus películas en lugares donde puede vivir bien y filmar barato. Lo llama cine de guerrilla, el que amó desde los 18 años. (Artículo de Paul Alonso publicado en la revista peruana Dedo Medio, mayo, 2009).

—¿De qué se trata la historia?
—Rivalidad.
—Estás escribiendo la historia de nuestro padre.

El que escribe es Tetro, protagonista encarnado en el trasnochado Vincent Gallo, un poeta atormentado por las calles porteñas. Su familia italiana había migrado a la Argentina, antes de instalarse en Nueva York. Es una familia de artistas. El padre (Klaus María Brandauer), un arrogante director de orquesta, dice: “En esta familia sólo hay espacio para un genio”. Por eso, viven separados, cuando Bennie (Alden Ehrenreich), el hermano menor de 18 años, decide ir a Buenos Aires en busca de su admirado Tetro, quien deambula por los círculos bohemios de la ciudad, tiene una novia psiquiatra (Maribel Verdú) y encontró en Carmen Maura, una influyente crítica literaria, a su mentora. El drama promete, además, la revelación de un secreto y un final trágico.

O esto es lo que entendí del trailer, porque Tetro se acaba de estrenar en Cannes y pronto llegará a los cines. Filmada en blanco y negro, con flashbacks y momentos oníricos a color, esta película es parte de una nueva era de Francis Ford Coppola, o quizá más un regreso al cine que lo hizo legendario—El Padrino I y II, La Conversación y Apocalypse Now. Coppola (Detroit, 1939) lo llama ‘cine personal’, el cine de autor de la tradición europea con que se formó. Son aquellas obras de arte del cineasta todoterreno, quien dirige, escribe y produce; es el que mete su cuchara en todo obsesionado por controlar el mínimo detalle. Este Coppola, entonces, es el que ha vuelto: un artista caprichoso y perfeccionista, que sólo está interesado en contar historias que significan algo inevitable para él.

El primer filme de esta nueva era fue Youth without Youth (2007). Basado en la novela de Mircea Ileade y filmado en Rumania, marcó su regreso al cine después de 10 años de inactividad. Es la historia faustiniana de un hombre de la misma edad de Coppola que vuelve a ser joven. “En realidad soy muy parecido al personaje de la película”, dijo Coppola, mientras trazaba sus nuevos horizontes: “es cine de guerrilla, cine real e independiente”. Esto sonaba raro viniendo de un tipo que ha ganado cinco premios Óscar y es considerado uno de los más importantes directores del siglo veinte. Pero Coppola insistía: “Mi sueño es tener la carrera que quería a los 18 años. Cuando comencé nunca pensé que iba a ser un director exitoso de Hollywood. Cuando fui joven me tocó una gran carrera, y ahora espero tener una pequeña”, dijo al New York Times.

Con esta misma idea se trepó a un avión y se instaló en la Argentina. Tras una estadía agitada—problemas con el sindicato de actores locales, ladrones entraron en su casa y se robaron su laptop, se volvió padrino de vinos locales—, terminó de filmar en Buenos Aires (especialmente en el barrio de la Boca) y la Patagonia después de 63 días. El resultado es Tetro, un filme que, según Coppola, es reminiscente de su vida: “Tomé cosas de mi familia. Cuando escribes de una familia, tú y los tuyos acaban en todos los personajes”, dijo.

Tetro se hizo con un presupuesto de 15 millones de dólares, y es parte de la manera de operar que el cineasta tiene clara: “Busco sitios que supongan para mí una aventura, en los que pueda disfrutar y filmar barato”. Argentina cumplía estos requisitos, además de contar con una rica historia de inmigración italiana, buena literatura y una de las grandes pasiones (e ingresos) del director: el buen vino. Porque además de ser Francis Ford Coppola, es viticultor, hotelero y publicista, actividades que han financiado más de una de sus películas.

“La gente piensa que si eres un director de cine conocido puedes hacer cualquier película que quieras. Pero nadie puede hacer eso, excepto quizá Steven Spielberg. Tienes que hacer películas que los estudios de Hollywood piensan que van a generar dinero”, dijo Coppola sobre el negocio monopolizado en California. “En mi caso, soy capaz de financiar mis películas por mí mismo, que es lo que he decidido hacer de ahora en adelante. Ya no tengo tiempo para ir a rogarle a alguien por una bolsa de dinero. Es más fácil para mí tener la bolsa de dinero”.

Una oferta que no podrás rechazar

La carrera de Coppola, sin embargo, ha estado llena de altibajos. Graduado de la Escuela de Cine de UCLA, se convirtió en el asistente de Roger Corman, un cineasta independiente con quien hizo películas de horror y se cuajó en el oficio. (En este periodo se le atribuyen unas películas de soft porn cuya autoría ha rechazado). Para Corman dirigió su primer filme: el gótico Dementia 13 (1963), sobre asesinatos en un viejo castillo irlandés. Luego, hizo varias películas menores hasta que ganó su primer Óscar como guionista de Patton (1970). Consolidaba en estos diálogos su capacidad de definir personajes y situaciones en líneas memorables. Al inicio del filme, frente a una bandera de Estados Unidos, el general Patton sentencia: “Ahora quiero que recuerdes que ningún bastardo ha ganado alguna vez una guerra muriendo por su país. Han ganado haciendo que otros pobres y tontos bastardos mueran por su país”.

Fue en 1972 cuando le llegó a Coppola la consagración, con la película que pensaba titular Mafia y terminó siendo El Padrino. Basada en el texto de Mario Puzo, Coppola dejó por siempre firmada la imagen de la familia Corleone como el símbolo del crimen organizado italo-americano y una de las más intricadas exploraciones de una saga familiar. Pero Coppola guarda también malos recuerdos de esta experiencia: tuvo que batallar mucho para obtener a los actores que quería, como el divo Marlon Brando y el debutante Al Pacino, y casi fue despedido de la película por la Paramount si no fuera por la intervención del productor Robert Evans. “Estaba metido en problemas y me sentía miserable. Me sentía tan solo en la idea que tenía para la película”, ha dicho sobre la obra que se convirtió en clásico y éxito de taquillas. Entonces, Coppola fue millonario y famoso. Aprovechó el momento para dejar dos filmes memorables: antes de hacer la magistral El Padrino II, construyó La Conversación, una joya psicológica protagonizada por Gene Hackman sobre espionaje. Estaba en la cima. Sólo le faltaba el proyecto épico, la propia marca por batir: superar a su gurú Orson Welles a través de la adaptación de Heart of Darkness, la novela de Joseph Conrad, proyecto que Welles abandonó 40 años antes debido a los altos costos de producción.

Eso fue Apocalypse Now (1979), sin duda la película más controversial de Coppola, en la que plasmó los excesos de drogas, violencia y rock n’ roll entre los soldados norteamericanos en Vietnam. Su idea original era filmarla en Cuba. Hasta le mandó una carta a Castro: “Querido Fidel, te quiero… Tenemos las mismas iniciales. Los dos tenemos barba. Los dos tenemos poder y queremos usarlo para buenos propósitos”, escribió el equivocado Coppola. Sin embargo, el presidente filipino Ferdinand Marcos ofreció su armada y aviación para hacer la película, y ahí sucedió. El proceso de filmación de Apocalypse Now fue desastroso: hubo accidentes con los aviones, estalló una guerra civil en el país, el huracán Olga demolió los decorados, Marlon Brando apareció tarde, obeso, borracho, y ni siquiera había leído el guión. Nada podía ir peor hasta que Martin Sheen, después de una borrachera, sufrió un ataque cardíaco. El presupuesto, que se inició en 12 millones de dólares, terminó en 31. A pesar del cataclismo económico, Apocalypse Now es considerado como la mejor épica sobre Vietnam y quizá la mejor película de guerra. Cuando ganó la Palma de Oro en Cannes, Coppola dijo sobre su obra: “Mi película no es sobre Vietnam. Mi película es Vietnam”.

Acabados los setenta, el artista estaba en la cima creativa, pero en la ruina económica. Era famoso y respetado, pero los bancos le reclamaban millones de dólares en deudas y estaba a punto de perder su casa y patrimonio. Así que tranzó. Como muchos, Coppola también ha tenido que hacer concesiones en su carrera. Entre sus más de veinte películas, ha realizado filmes comerciales y alimenticios para salir de apuros. De este periodo, destacan The Outsiders, Rumble Fish, Peggy Sue Got Married y Drácula. “Ahora siempre le digo a la juventud que las cosas por las que te despiden cuando eres joven son las mismas por las que ganas reconocimiento de por vida cuando eres viejo”, resume Coppola.

Hombre de familia

Desde los míticos Corleone hasta los italianos llegados a la Argentina en Tetro, la familia es un motivo importante para Coppola. La suya, por ejemplo, llegó a Estados Unidos desde el sur de Italia, y ha sido ilustre y artística. Hijo de un director de orquesta y una actriz, es padre del director de películas y videos musicales Roman Coppola y de la diva/directora/ganadora del Óscar Sofia Coppola, así como tío de Nicholas Kim Coppola, conocido como Nicolas Cage. Con todos ha trabajado y los ha incorporado en sus proyectos fílmicos. Al mismo tiempo, fundó la productora Zoetrope, junto a su amigo George Lucas, a la cual propuso un ambiente familiar. Una suerte de Don Corleone del cine: “Mi consejo para los cineasta aspirantes es que se casen y tenga una familia. Es una motivación y una inspiración”, dice.

No es la familia, sin embargo, un espacio ajeno al dolor en el mundo creativo de Coppola. Lo dice Tetro: “¿Sabes lo que es el amor en nuestra familia? Una rápida puñalada al corazón”. Los lazos sanguíneos, entonces, establecen para el director un núcleo trágico y placentero como el arte mismo. La familia es un intento por justificar el paso del tiempo, de darle sentido al devenir de generaciones de seres humanos vinculados irremediablemente. Algo que no acaba, como muestra en esta reciente película:

— Hay grandes historias que no tienen final—dice Benny.
— No tiene que haber un final—sentencia Tetro.//

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