Juan Pablo Meneses: “La revolución digital es muy literaria”

Para el cronista y bloguero chileno Juan Pablo Meneses, “la literatura siempre va a estar donde haya alguien que quiera contar algo. No importa si lo que se cuenta es real o inventado”. Su camino en la no ficción ha quedado impreso en las mejores revistas del continente y en los libros Hotel España (2009), Crónicas Argentinas (2009), La vida de una vaca (2008), Equipaje de mano (2003), y Sexo & Poder (2004). Estas obras dan cuenta de un espíritu que Meneses ha llamado “periodismo portátil”. Hablamos con Meneses sobre el oficio de contar historias. (Entrevista de Paul Alonso para el Centro Knight del Periodismo en las Américas, octubre, 2009. También en inglés y portugués)

Las máximas de lo que has llamado el “periodismo portátil” son “sobrevivir escribiendo historias por el mundo y escribir de todo lo que se pueda”. ¿Qué más implica esta actitud ante el periodismo?
Cuando planteo la necesidad de escribir por el mundo no me refiero, solamente, a escribir viajando (que es lo que he hecho desde hace casi diez años). Me refiero, especialmente, a una actitud de hacer periodismo en la calle. Salir de la silla de la redacción, con el mouse y el teléfono tan a mano. Recorrer el mundo es, también, recorrer otros mundos: uno de los vicios del periodista moderno es proponer temas que conoce (la banda de rock que me gusta, el bar donde voy a beber, el equipo de fútbol de mi infancia, la narcotraficante amiga, la corrupción del alcalde de mi barrio), como si temiera adentrarse en ámbitos que le son desconocidos. Por eso propongo, además, escribir de todo lo que se pueda. Y desde donde sea. Para eso es fundamental otra de las máximas del periodista portátil: “la noticia es una anécdota y la anécdota es la noticia”.

¿Cómo se transforma esto en la Escuela Móvil de Periodismo Portátil?
He dictado talleres de “periodismo portátil” desde hace cinco años, en forma presencial (en diferentes ciudades de América Latina y España) y de manera online (con alumnos conectados desde más de veinte países diferentes). A partir de ambas experiencias nació la Escuela Móvil de Periodismo Portátil, un proyecto independiente de crónicas que busca promover nuevas voces en español. La queja repetida de los nuevos periodistas es que no hay espacios ni acceso a publicar. Siempre he trabajado como freelance, y he vivido en carne propia esta falta de oportunidades. Actualmente, la Escuela Móvil tiene convenios con la revista Etiqueta Negra de Perú, Brando de Argentina, Emeequis de México, SoHo de Colombia y The Clinic de Chile. Varios de los alumnos ya han vendido sus trabajos en diferentes países.

Tu último libro se  llama Hotel España y narra un recorrido por ciudades latinoamericanas. ¿Cuál es el ángulo de este libro de viajes?
En todas las capitales de Latinoamérica hay un Hotel España. Es como si fueran el último legado de los tiempos de la Colonia. El libro propone un recorrido por América Latina partiendo en el Hotel España de Buenos Aires (donde viví más de tres años), hasta el Hotel España de Ciudad de México (ciudad que a lo largo del libro se va transformando en un destino soñado). En el trayecto me encuentro con linchamientos, fiestas, contrabandos, invasiones y controles policiales. Lima, Santiago de Chile, La Habana, Patagonia, Ciudad de Panamá, Santo Domingo, Bogotá, Asunción, son algunos de los lugares por los que transcurre el libro. Hotel España es un libro de viajes, es la historia de una obsesión personal, y es un redescubrimiento de la América Latina del Bicentenario.

Tu libro Crónicas Argentinas (basado en el blog que tienes en Clarín) no sólo ofreció “una mirada diferente a los mitos de siempre” (como el Che, Evita, Maradona), sino que incorporó a un nuevo tipo de protagonista: los comentaristas anónimos del blog. ¿Crees que el poder del comentarista anónimo radica principalmente en su cantidad o en su aporte al debate?
Creo que el gran poder del comentarista anónimo es precisamente agregar la palabra “cantidad” al debate. Un texto con mayor cantidad de comentarios es, casi inmediatamente, mejor valorado (especialmente por el editor y los anunciantes) que uno sin mucha respuesta del público. Casi no importa la calidad. Ahí está el gran poder y el gran protagonismo de los lectores. Al igual que en la televisión, ellos son los dueños del rating en la era de los medios electrónicos. Por lo mismo es que ahora, en este instante, se está librando una durísima batalla entre los líderes de opinión y los comentaristas anónimos. Los líderes de opinión dicen que los comentaristas anónimos son basura, su opinión no vale y sus reflexiones se reducen a insultos y ataques sin identidad. Los comentaristas anónimos, por su parte, exigen cada día mayor protagonismo (gracias a los teléfonos celulares ya se han tomado los noticieros de la televisión), y se cansaron de líderes de opinión. La idea de Crónicas Argentinas era, precisamente, hablar de los mitos de siempre de Argentina, con el aporte de los comentaristas anónimos. Dar cuenta de ese poder. Ellos cuentan en el libro, y ya no un comentarista oficial, qué significa nacer y vivir en el país de Maradona, el Che y Evita.

Si bien los comentaristas y opinadores de blogs compiten con los opinadores oficiales y líderes de opinión, a veces parece que ambos grupos están configurados por los mismos medios de comunicación y los mismos prejuicios. ¿Te parece que estas nuevas voces son un cambio positivo para el discurso público?
Las principales víctimas de que los comentaristas anónimos agregaran cantidad al debate fueron los opinadores oficiales. Es cierto que cada día se parecen más en su mirada, en lo que dicen, en lo que prejuician y condenan. Eso tiene una explicación simple: en la búsqueda de tener mayor cantidad de comentarios, mayor número de respuestas, el líder de opinión ha comenzado a caer en la paradoja de escribir como un comentarista anónimo más. Hoy cada vez se leen más columnas donde el autor plantea temas como en una cafetería, sin mayor debate o análisis, sólo buscando tener muchas respuestas para mantener su trabajo. Creo que lo positivo de todo este nuevo escenario es que, finalmente, está cambiando el viejo papel del líder de opinión: ya no será el dueño de estancia o el sacerdote que le dice a sus lectores impunemente lo que deben hacer y repetir, cosa muy frecuente en Latinoamérica. Claro que tampoco es auspicioso que sea el barrabrava o el orangután de hoy, que busca la polémica por la polémica. Imagino que si se logra tener líderes de opinión más consciente que su trabajo público se enfrenta a diferentes formas de pensar, ya será un gran avance.

Has dicho que “los nuevos cronistas cada día escriben más parecidos entre sí (igualitos a la vieja guardia)” y que muchos lo hacen para que “su foto aparezca en las páginas de sociales de los diarios” o para levantarse una chica. ¿Cuál es para ti la mejor razón para escribir una crónica? (O vamos, una historia de cualquier tipo)
La necesidad de reconocimiento es algo inherente del ser humano. Y ese reconocimiento puede venir por la crítica, por las fotos de la vida social, o de parte de una chica. Ninguna de las tres me parece mal. Al contrario, que por tu trabajo te llegue todo eso, llega a ser saludable. En lo que no creo, lo que me hace ruido, es escribir solo para eso. Escribir solamente de miserias, para ganarte un fondo o una beca, me parece canalla. Pegarle solamente a los más obvios, para ser ungido por un diario bienpensante es fácil. Abordar la frivolidad y el chiste, solamente por la frivolidad y el chiste, es bobo. Desconozco la razón última de por qué escribo una historia, supongo que será la mezcla de muchas cosas y obsesiones y carencias y ambiciones. Entre ellas, la de poder sobrevivir contando historias, algo bastante mercantil.

Sueles poner mucho de tu propia experiencia de vida en tus libros, pero también eres suspicaz ante el exhibicionismo exagerado que denota falta de investigación y reporteo. ¿Cómo buscas el balance entre estos elementos?
No creo en el debate sobre el uso de la primera persona. La contradicción máxima de aquella discusión la leí hace poco, en un libro donde la autora decía que “a ella” le parecía de mal gusto el uso exagerado de la primera persona. Es cierto que hay gente que se exhibe exageradamente por falta de investigación y reporteo, pero también es cierto que el fin último de un libro de no ficción no es la investigación ni el reporteo, sino que contar una buena historia. Cuando me compré una ternera recién nacida, para escribir La vida de una vaca, era obvio que tenían que aparecer datos duros y el reporteo de cómo es la vida de una vaca, pero no podía estar fuera mi experiencia personal con La Negra. Creo que esa mezcla se va dando sola, y la historia va pidiendo las dosis de cada ingrediente. En ese sentido, es mucho más interesante las formas de contar una historia, las estructuras que le damos a un relato, los riesgos narrativos que uno pueda tomar, más que estar calculando el porcentaje de veces que aparece el autor.

¿Es aún importante la literatura para el periodismo en medio de la revolución digital?
La literatura está desprestigiada por un grupo de personas que busca prestigio. Ellos la han querido tener secuestrada, sin darse cuenta de que aquello es imposible. La literatura siempre va a estar donde haya alguien que quiera contar algo. No importa si lo que se cuenta es real o inventado. Tampoco importa si eso se cuenta en papel o en Internet. En ese sentido, estoy convencido de que la revolución digital es muy literaria.

Tus inicios están atravesados por la crónica de viaje y tu consigna, desde la posición de freelance, ha sido el difícil camino de “viajar y sobrevivir contando historias”. En el actual contexto de crisis de los medios, ¿crees que aún será posible seguir este camino para los nuevos periodistas?
Sigo creyendo porfiadamente. Y no sólo eso, la idea es propagar el germen por medio de la Escuela Móvil de Periodismo Portátil.

¿Cuál crees que será el futuro de la crónica y la no ficción?
El libro electrónico.

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