Austin City Limits: 76 horas de rock n’ roll

Tres días, ocho escenarios, 130 bandas. Austin City Limits (ACL) se ha convertido en uno de los festivales más importantes de Estados Unidos. Los Yeah, Yeah, Yeahs, Pearl Jam, The Decemberists, Kings of Leon, Bon Iver, Phoenix, entre decenas de otros grupos protagonizaron esta octava versión de ACL en Texas. Estuvimos ahí y te damos ocho comentarios sobre este festín del rock. (Crónica de Paul Alonso publicada en la revista Dedomedio, noviembre, 2009)

UNO
Cuando Karen O se acerca el micrófono a la boca algo se estremece. Viste un poncho-kimono de escandalosas y chirriantes decoraciones. Detrás de ella hay un inmenso ojo abierto como único telón de un escenario estrellado de luces. Y ella sigue acercándose el micrófono a los labios como si fuera la fruta más prohibida. Sólo el silencio expectante nos hace darnos cuenta de que el instrumento hace contacto con su piel—un ligero roce—y ella nos enfrenta. Su voz se despliega en un grito—Hi Austin—y de pronto todo comienza a tomar otro color: su sensualidad de gata eléctrica, que brinca sin parar, acapara el espacio. Y entonces el viaje comienza: interpreta temas del último disco de los Yeah Yeah Yeahs—el más eléctrónico It’s Blitz—con canciones ya de culto desde que sacaron en 2003 Fever To Tell, aquel primer disco con el que entraron decididamente en la escena neoyorquina e internacional. “Honeybear “ suena feroz y la guitarra de Nick Zinner tiene la fuerza de una estampida de caballos. En “Gold Lion” Karen apela a esa locura espontánea que sólo le puede producir un escenario y se muestra tan exagerada como el vestido que de pronto salta de su cuerpo. Quizá porque Karen O ya es un referente de la moda y su vestuario ha sido una marca distintiva, quizá porque estudió arte y canalizó ese talento plástico en su performance, quizá porque ha sido considerada por los medios como una diosa sexual, apela a todos nuestros sentidos. Y para no dejarnos con las ganas hace una pausa: es hora de una canción de amor. A través de una sentida y más lenta versión de “Maps” sentencia: “They don’t love you, like I love you…. I do”. Al terminar, bajo una luna casi llena, se acuerda de que es una chica mala y agarra el micrófono a latigazos. Es, sin duda, una de las divas del punk rock.

DOS
En el cierre de aquella primera noche de ACL, los Yeah Yeah Yeahs competían con una de las bandas más populares de la escena actual. Desde el lado opuesto de Zilker Park—el gran escenario del festival—sonaba el hit “Sex on Fire”, el single más vendido en el Reino Unido y firmado por los Kings of Leon. Desde sus influencias iniciales de rock sureño y garage, estos chicos de Nashville se reinventan a cada disco. Se han afeitado y su último álbum Only by the Night (2008) suena distante al debutante Young & Young Manhood (2003). Mutaron de un sonido tipo Tom Petty & Heartbreakers mezclado con The Strokes a un art rock más limpio. Y en este trance fueron acompañados de manera imprevista por un invitado especial (a quien escucharemos después al frente de Pearl Jam): Eddie Vedder se trepó al escenario para tocar “Slow Night, So Long”. En el pico de su carrera, el vocalista Caleb Followill se lució especialmente en “Notion” y luego se puso nostálgico. Dijo: “Estaba mirando algunas fotos de nosotros la primera vez que tocamos en Austin City Limits. Éramos jóvenes y teníamos miedo. Y aquí estamos ahora. No importa qué mierda diga la gente de Kings of Leon. Estoy malditamente orgulloso de dónde estamos. Y no vamos a ningún sitio. Así que si no te gusta lo que hacemos, anda aprendiendo a querernos”.

TRES
Más temprano el mismo día, la banda francesa Phoenix dio un show destacable. Liderados por Thomas Mars, esta banda de pop alternativo oriunda de Versalles es de la misma camada noventera de Air y Daft Punk. La gente bailó con ganas “1901” y “Lisztomania”, dos temas de su cuarto y pulido disco “Wolfgang Amadeus Phoenix”. La presentación fue entregada y esto quedó claro cuando Mars se fundió con el público y, afiebradísimo, confesó que esta era la audiencia más amplia ante la que tocaban. Pocas veces he visto a un frontman tan agradecido y sorprendido ante sus seguidores.

CUATRO
Y no es para menos. Este año Austin City Limits convocó a más de 65 mil personas en el inmenso Zilker Park, en el corazón de Austin, Texas, capital de la música en vivo (Ver Dedomedio 6). Ocho escenarios; 130 bandas; tres días de música. Más números: 700 bartenders que servían cerveza, vino y otros líquidos; 650 baños portátiles que quedaron chicos; 700 basureros dispersos por el área del festival; 450 guardias de seguridad que pasaron desapercibidos; una cerca de más de 50 mil pies que nos separaba del mundo. Un hecho: desde hace ocho años Austin City Limits—llamado así en honor a los legendarios conciertos que graba la PBS desde 1976—se ha consolidado como uno de los festivales más importantes de Estados Unidos, junto a los de Bonnaroo, Lollapalooza, y Coachell. Los géneros incluyen rock, country, folk, indie, Americana, hip-hop, reggae, y bluegrass. ¿Quiénes han tocado aquí? Bob Dylan, Robert Plant, Tom Petty, Bjork, The Killers, Arcade Fire, Willie Nelson, Coldplay, The Flaming Lips, Oasis, Franz Ferdinand, Massive Attack, Van Morrison, y más de 1000 otras bandas. Puedes verlo año por año en http://www.aclfestival.com/

CINCO
Si el primer día de ACL el clima fue un perfecto anfitrión, el resto del fin de semana estuvo marcado por la lluvia y el barro. Sólo los líquidos y humos espirituosos podían cobijar a este público apertrechado bajo paraguas insuficientes y trajes de plástico. El primero en sufrir los obstáculos del temporal fue Bon Iver. Los esfuerzos del cantante y compositor Justin Vernon fueron insuficientes para crear una atmósfera sentimental. Incluso temas como “Blood Bank”—enfatizados por una banda que aceleraba las distorsiones—no captaron la atención que hubieran tenido si Vernon nos hubiera hecho partícipes de una introspección de interprete solo con guitarra. Sin embargo, su melancolía fue la banda sonora de una tarde gris.

SEIS
Con la lluvia ya imperante y abusiva, The Decemberists no dejaron que el clima afectara su grandilocuente y lírico show. Entre teatro y rock, la banda de Portland tocó de comienzo a fin su último disco, “The Hazards of Love”, una historia de amor bestial, mandolinas, coros y diversas voces en roles dramáticos. Enfocados y sólidos, The Decemberists ofrecieron a una multitud empapada la oportunidad de corear sus canciones pobladas de referentes literarios y alma folk. Aunque se extrañaron los temas mas nerds de discos como “The Crane Wife” o “Picaresque”, la voz de Colin Meloy dirigió agudamente la intelectualizada narrativa de aquellas canciones compuestas por rockers demasiado cultivados. Un delicioso anacronismo.

SIETE
Último día y el suelo es una playa de barro. Los zapatos se hunden íntegros en este acuoso pantano. (Estas zapatillas no servirán más). Miles de hombres y mujeres estampados de color marrón. Y en medio de este fangoso escenario, supimos que tendríamos que dejar arbitrariamente fuera de esta nota a varias bandas que disfrutamos. Este mea culpa incluye a Dave Matthews Band, Arctic Monkeys, The B-52’s, Girl Talk, Ben Harper, The Felice Brothers, Them Crooked Vultures, John Legend, Avett Brothers, Los Amigos Invisibles (pero los entrevistamos), Sara Watkins, Mos Def, The Dead Weather, White Lies, Dan Auerbach, Heartless Bastards, Ghostland Observatory. ¿Por qué no reseñamos a todas? Porque no somos ubicuos, pero tratamos.

OCHO
“Hemos estado aquí tres días y hemos recibido muchos regalos. Ahora vamos a devolver el favor”, advirtió Eddie Vedder cuando comenzaba a cerrar el fin de semana. “Y no me iré hasta estar cubierto de barro como todos ustedes”, agregó. Porque Pearl Jam fue sin duda el mega-espectáculo de este ACL 2009. Aunque no soy fan ni me desgarra, Pearl Jam es una banda íntegra con casi 20 años a cuestas y, a la luz de su último y noveno disco—Backspacer—aun tienen la potencia que heredaron del grunge. Para un domingo en noche de luna llena, mientras los miles de asistentes se hundían en el barro y la embriaguez, Vedder supo liderar una performance aguerrida y potente. Aunque no tocaron “Jeremy”, combinaron temas de la historia de Pearl Jam con intensas versiones de su último disco, como “The Fixer” y “Got Some”. Canciones como “Hail, hail” o “Even Flow” nos recordaron que el guitarrista Mike McCready es más que un arma secreta y que sus solos pueden descocer una herida. “Do the evolution” subrayó que sus raíces están en el punk. Y para hacer de la música un acto compartido, invitaron al escenario a Ben Harper, con quien tocaron “Red Mosquito” y luego llamaron a Perry Farrell, de Jane’s Adiction, con quien enviaron un trueno: “Mountain Song”. El final no tenía pierde: el himno de Neil Young “Rockin’ in a free world” fue lo último que se escuchó. Habían pasado casi dos horas. Miles de almas cansadas, con la resaca de la euforia, y con los pies sumergidos en el barro. Sudor y olor a alcohol que se mezclaba con el humo y los restos de 76 horas de rock n’ roll. Mucho barro y una sensación culposa. Siempre después del rock, algo queda sucio y pendiente.

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