Amaral, contrastes y extremos

Hace más de 15 años que Eva Amaral y Juan Aguirre se fueron de Zaragoza, su ciudad natal, para buscar la canción perfecta—una que se parezca a Alfonsina y El Mar o a Perfect Day de Lou Reed. Grabaron en 1998 su primer disco y en el 2005 se convirtieron en la banda más exitosa de España. Su impronta fue un oscilante estilo musical impregnado de vitalidad pop, lirismo nihilista y espíritu folk. Después de cinco discos y más de tres millones de copias vendidas, han editado La barrera del sonido—un disco en directo con el que Amaral cierra una etapa y abre un periodo experimental. (Entrevista de Paul Alonso publicada en El Nuevo Herald de Miami, abril, 2010).

“Fue una etapa hermosa de nuestra vida y de nuestra carrera. Nos hemos acercado mucho al sonido ideal que teníamos en la cabeza. Es hora de buscar otros caminos”, dice Eva Amaral, refiriéndose a una era de latentes dualidades. Y esta es la base del disco doble Gato Negro. Dragón Rojo (2008), el último material original de la banda. Posee diversas connotaciones: Eva tiene un tatuaje de un dragón en la espalda y su estudio en Madrid se llama O Gato Negro. “El título hace referencia a un juego de contrastes. La música que nos gusta es básicamente emocional y la emoción la encontramos tanto en los momentos de intensidad sonora, con base de guitarras y ruido, pero también en la delicadeza, en el susurro”, aclara la vocalista.

El contraste incluye ritmos divertidos que arropan temas de tinte introspectivo y apocalíptico. “Somos un grupo básicamente de contrastes y de extremos. No nos gustan los términos medios. Oscilamos entre momentos muy suaves y otros muy salvajes, muy eléctricos. Hay folk, música melódica, y también somos herederos de un sentimiento muy punk”, resume Juan Aguirre.

En este camino, son afines a una tradición hispana de indudable vena poética: han colaborado con iconos como Enrique Bunbury, Mikel Erentxun, Jaime Urrutia, y Ariel Roth, y han versionado a Miguel Bosé, Andrés Calamaro y Miguel Ríos. “También hemos colaborado con muchas bandas desconocidas. Pero siempre hemos tenido una actitud de respeto y de reconocimiento a la generación que arranca en los ochenta, no sólo en nuestro país, sino también en otros lugares, como Argentina”, dice Juan. “De chicos éramos más deudores de la tradición clásica anglosajona de los sesenta y también de una escena alternativa que tenía un tipo de antihéroe, de anti-rock n’ roll star”, añade el guitarrista.

Y si hay un tributo recurrente es Bob Dylan. Han sido teloneros del genio y hasta han versionado su tema A Hard-Rain’s Gonna Fall. “Fue un reto, porque no sabíamos si desde nuestra óptica de escritores en castellano podríamos penetrar el texto, del cual nos atraía ese sentimiento apocalíptico que es tristemente actual. Si vemos el planeta que tenemos, parece que esa letra fue escrita ayer. Significa que algo equivocado están haciendo nuestros políticos y en general la sociedad capitalista cuando una letra tan amarga sigue vigente”, dice Juan.

Esta inconformidad social también ha tocado sus carreras. Después del éxito de “Pájaros en la cabeza” (2005), que fue el disco más vendido en España ese año, dijeron que la banda se había deshumanizado. “Cuando eres una banda que nació del underground y en los pequeños clubes, y de pronto accedes a públicos mayoritarios y a la televisión, sientes miedo de que te engulla un sistema que todo lo banaliza”, explica Juan. “Nosotros sentíamos que necesitábamos escaparnos de ahí. Hay una canción en que Eva habla de una ‘huída hacia delante’. Y eso es lo que siempre estamos haciendo: buscar una calle por la que no hemos transitado y ponernos en una situación de desequilibrio para crear”, finaliza.

En este camino, el rock n’ roll funciona como una válvula de escape. Para ellos, el rock no es un género, sino una forma de vida. Es una postura humanista. Dice Eva: “Se entiende mejor si se sabe que somos dos chicos de Zaragoza, que un día decidieron coger una guitarra y salir a la carretera y vivir de esa manera. No queríamos tener jefes, queríamos ser totalmente libres y vivir el resto de nuestras vidas como dos contra el mundo, como Bonnie and Clyde. Es la visión un poco romántica del rock n’ roll, y yo sigo creyendo en ello de la misma manera”.//

Kamikaze, de Amaral:

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