Daniel F: “Los hombres no pueden dictaminar justicia”

Es fundador de la escena de rock subterráneo del Perú. Desde 1983, ha liderado Leuzemia, mítica banda que declaró “A la Mierda lo Demás”. Le decían el Bruce Springsteen de la escena subte, pero él quería hacer una banda de rock n’ roll como The Faces. A sus 49 años, Daniel F se considera un sobreviviente y busca “funcionar como ser social”. Dice que la música sin riesgo no vale la pena y que nunca ha visto un panorama político tan nefasto como el actual. (Entrevista de Paul Alonso, publicada en Terra Perú, agosto 2010)

Creciste en una Unidad Vecinal del Cercado de Lima en una época turbulenta del país. ¿Cómo llegaste al rock?

Fue un gusto por la música, no por una ideología rockera. Era el placer de escuchar y compenetrarme emocionalmente. Las definiciones y los caminos ya se ven después, cuando uno toca en un grupo. En principio, era escuchar muchos discos, compartirlos con mi hermanos, con mis amigos del colegio. En ese tiempo se daban la mano la industria con el arte; en la radio y en los ratings de afuera se veían en los primeros lugares a T. Rex, Led Zeppelin, Emerson, Lake & Palmer compitiendo con Abba. Eso no se da ahora que todo es industria plástica.

En julio de 1983 Leuzemia tocó por primera vez en “La Caverna”, de Jirón Moquegua. Llamaron la atención porque tocaban temas propios y en castellano. ¿Por qué crees que no existía eso en el Perú?

Era como se entendía el rock. Nadie lo imaginaba cantado en castellano y los poquísimos ejemplos que había de rock en castellano sonaban feo. Algunos grupos mexicanos, algún grupo español, pero la gente pensaba que el rock tenía que ser cantado en inglés, igual como la opera se canta en italiano. Pero nosotros ya escuchábamos rock en castellano, teníamos el precedente de Tarkus y de El Polen. Ellos cantaban en castellano y tenían buenas letras. También hicimos contacto con amigos argentinos, que nos comenzaron a pasar discos de allá. Y escuchamos un montón de cosas maravillosas. ¿Qué estamos esperando?, dijimos.

En esa época te decían Bruce, porque eras fanático de Bruce Springsteen. ¿En qué te parecías a The Boss?

Yo descubrí a Bruce Springsteen por un amigo que ya falleció. Él compró un disco que estaba de oferta, muy barato, y pensó que era un cantante punk: en la portada estaba todo despeinado, con la casaca negra y la camiseta blanca rota. Debe ser un punk, ¿no? Te estoy hablando del 79, más o menos. Cuando lo escuché, me pareció lo más grande que se había hecho en este mundo, como cantautor, las letras, la música, las armonías, los arreglos. Y formamos una pequeña cofradía “brucespringsteeniana”. Éramos de repente los únicos fans de Bruce Springsteen en esa época. Cuando aparece el doble The River, me tiro todo mi sueldo para comprar el disco en Sears.

¿En que trabajabas en esa época?

En limpieza. En los ochentas básicamente he trabajado como agente de limpieza en fábricas y talleres. Pero me compré el disco porque me pareció que era el monumento más grande que alguien le haya hecho al rock n’ roll. Y cuando quise hacer mi banda de rock, quería hacerlo así como Bruce, o sea con un bajista, un guitarrista, un tecladista que toque acordeón, alguien que toque saxo y un baterista. Esa era mi idea. Trabajaba las melodías a lo Bruce y todo.

Pero tus cantautores también eran hispanos.

Mi despertar hacia las letras fue gracias al chileno Fernando Ubiergo. Ya había escuchado a Spinetta y a Sui Generis, que me parecían bacán, pero mucho de ese lenguaje que usaban era bastante hermético e inaccesible. Y de pronto este señor Fernando Ubiergo aparece con un lenguaje mucho más coloquial y más sencillo, temas muy simples. Y dije este es.

También has dicho que tus principales referencias eran The Ramones y Pink Floyd, influencias anglosajonas de punk y progresivo.

Más que punk y progresivo era la simpleza con lo experimental. Con Fernando Ubiergo entendí lo que es la lírica; con Ian Hunter y Springsteen desarrollé mi idea sobre el rock n’roll. Con Pink Floyd experimenté más allá con la música y los Ramones me enseñaron a que sin saber tocar ningún instrumento puedes hacer un grupo de rock.

Los han estigmatizado como una banda de punk, pero tú no estás conforme con esta categoría. ¿Por qué?

Uno no se puede atribuir algo que no es. Cuando alguien me dice que Leuzemia ha sido la primera banda punk de este país, yo digo que no. La primera banda punk, que se acepta como punk y todo, ha sido Eutanasia en 1986. Además, yo no tenía la ideología del punk.

¿Qué ideología del punk no compartías?

En esos años el punk se explotaba por el lado estético, por la moda, el lado más superficial. Yo leía sobre el punk en revistas como “Gente”, una cosa bacán, simpática, pero un poco extraña. En esos años uno no tenía la información completa, no había Internet ni cable. Entendías el punk como un montón de grupitos mal vestidos y que tocaban cosas muy sencillas, lo cual a mí me encantaba. Las revistas decían ‘los grupos tocan con guitarras con pocas cuerdas y con amplificadores viejos o rotos’. ¡Ta que me parecía alucinante! Pero recién después entenderíamos lo que se pretendía con el punk rock, que había una ideología detrás y todo eso. Pero mi idea fue siempre hacer una banda de rock n’ roll, algo como Los Faces, donde cantaba Rod Stewart.

¿Qué significaba ser subte en los 80s?

Una serie de rollos que fueron apareciendo. Cantar en castellano nuestras propias canciones ya una declaración, un manifiesto que se propagó. Comenzaron a surgir ideologías. Aparecían esas “A” encerradas en un círculo, que yo no sabía qué significaban y de pronto me dicen que es el símbolo de la anarquía. Yo sabía de la anarquía por una cuestión cultural, pero no como algo asociado al rock. Y me pareció bacán meterme en todo ese tipo de rollos. Al final lo subte era simplemente un circuito que aparecía como un canal alternativo, donde no sólo estaban los simpatizantes del punk rock o del hardcore, sino también del blues, de lo progresivo, de lo acústico. Por eso, los primeros festivales de rock subterráneo tenían todo un crisol súper interesante: había gente tocando cosas andinas, haciendo poesía, rock duro. Algo que con el tiempo se perdió y debería retomarse.

¿Estaba también el tema de ser anti-comerciales?

Es un mito eso de que todas estas bandas no querían entrar a los medios de comunicación. Nosotros queríamos entrar, pero los medios de comunicación se negaban a ponernos. La pelea de muchas de las bandas era competir con los grupos comerciales, pero en igualdad de condiciones. De pronto apareció ese mito de que no debemos usar los medios ni auspiciadores comerciales. Y ni cagando; al contrario. Ta que nos hubiéramos sentido súper bendecidos si una radio nos hubiera pasado una canción alguna vez o que una firma comercial nos hubiera auspiciado un disco, pero nunca pasó. Esas cosas recién están pasando ahora.

A finales de los 90s das un giro al rock progresivo, pero no le gustó tanto a sus fanáticos más tradicionales. ¿A qué tipo de búsqueda respondía esta nueva experimentación?

No es ningún cambio si establezco como mi base emocional a Pink Floyd. Lo que pasa es que aprendí a tocar y no quería seguir haciendo lo mismo. Yo creo que la música sin riesgo no vale la pena y había que dar la pelea por hacer música que no estaba de moda. En ese tiempo se escuchaba lo visceral. Hubiera sido muy fácil para mí hacer una segunda parte de “A la mierda lo demás” [disco editado en 1995] y seguirme llenando de aplausos. Pero yo no funciono así. Siempre quiero adentrarme en nuevos experimentos y meterme en letras de poesía más profundas.

Desde hace un tiempo tocas nueva trova. ¿Cómo desarrollaste esa vena más calmada?

Antes de hacer Leuzemia, yo cantaba así, porque es lo más rápido. En casa solamente había la guitarra acústica de un primo. Mi primer contacto con la música a nivel interpretativo es con la canción de autor, un criollo, un trovador, alguien que está sentado en su cama haciendo canciones.

Cuando Leuzemia se hace popular tocan en zonas periféricas de Lima, junto a grupos de chicha y salsa. ¿Nunca te llamó la atención experimentar con estos géneros musicales?

Si fueran géneros ocultos o caletas quizá experimentaría. Pero no me nace ser un “Daniel Yaipén” o un “Leuzemia 5”. La chicha me interesa como fenómeno sociológico y como profundización del huayno, el “huayno progresivo”. Yo he sido técnico de sonido y he grabado un montón de grupos de chicha, de folklore, de música vernacular, de salsa, de pop. La chicha era lo que más me gustaba grabar, por sus melodías, los arreglos de guitarra, el trabajo de la segunda guitarra. Es alucinante. Pero el problema fue que se hizo tan popular y tan pacho, que sería bien monse de meterme en eso ahorita. De repente, si de aquí a 10 años la cumbia deja de ser lo que es ahora, seguramente sí haría alguna cosa.

Leuzemia ha tenido un componente de crítica social y política. ¿Qué crees que es lo principal que hay que criticar o denunciar en el Perú de hoy?

La ausencia de justicia. La justicia no es igual para todos, no hay seguridad en las calles, hay maltrato animal. Yo sigo manteniendo mi teoría de que la justicia la deberían hacer las computadoras. No creo que los hombres sean capaces de dictaminar justicia.

¿Cómo ves ahora las elecciones que se vienen en el 2011?

¡Terribles! Es un panorama espantoso. Jamás me he enfrentado a un panorama tan despiadado. Es imposible escoger entre Keiko, Castañeda, Bayly, Humala. No puedes. Ya no tienen remedio. Es escoger entre un rufián y un truhán.

En el 2008 celebraron los 25 años de Leuzemia, con reencuentro de los integrantes originales, concierto y documental en DVD. ¿Qué es lo más importante que ha dejado Leuzemia en este cuarto de siglo?

Que sí se puede sobrevivir. Muchos con los que comenzamos, ya no están. Son pocos los que han podido salir de esa época tan nefasta para nuestro país, que fueron los 80s y la primera mitad de los 90s.

¿A qué tienes que sobrevivir a tus 49 años?

Ahorita es tratar de que las cosas funcionen no sólo como grupo de rock, sino como personas sociales. Si mi presencia va a ayudar a que un concierto benéfico salga adelante, yo voy sin ningún problema. Lo último fue para Transparencia, una entidad que vela por la limpieza de los comicios. Ya dije que voy gratis. Si mi grupo puede ayudar, ahí estamos.

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