El peligroso silencio de Luis Castañeda Lossio

Luis Castañeda Lossio fue dos veces alcalde de Lima (2003-2010) y luego ha querido ser presidente del Perú. Aquí un perfil de este cuestionado político vestido de amarillo, un tipo de frases homofóbicas que nos echó de una conferencia de prensa por preguntarle si era gay (Crónica de Paul Alonso para Terra, 2010). 

Cuando se disipa el acoso de la prensa y las cámaras de televisión y los ayayeros toman un descanso, Luis Castañeda sigue rodeado de seguridad. Esquivo a algunos de sus matones y me acerco: “Hace semanas que pido una entrevista con usted. ¿Cuándo la hacemos?”, le pregunto. “Durante la semana. Hay que coordinar”, me dice Castañeda. Estamos en la peña Del Carajo, en Barranco. El evento se llama “Lucho Fest”. Supuestamente organizado por sus dos hijos, Luis y Darío, es una manera de conectar con la juventud: en un deslucido “American Idol”, con parafernalia y jurado, grupos musicales de adolescentes y jóvenes compiten para que su tema sea elegido como parte de la campaña de Solidaridad Nacional (SN).

 

A las 9:45 p.m. llega el candidato presidencial en el “Lucho bus”, un vehículo parrandero que vomita música popular a todo volumen. En el techo, decenas de jóvenes lo acompañan bailando y haciendo barullo. Castañeda viste jean, polo amarillo y tiene un sombrero de paja. Desciende del bus rodeado de los jóvenes entusiastas y al momento se teje en torno a él un impenetrable cordón de seguridad. Camina arrastrando los pies y ostenta una sonrisa tiesa: entra a la peña y sube al escenario. Allí lo espera el cómico Hernán Vidaurre, quien lo ha estado imitando durante un buen rato. La concurrencia está compuesta por jóvenes de polo amarillo, amigos de las bandas, señoras cuarentonas. Varios candidatos al congreso de SN dan vueltas con su número estampado sobre la vestimenta y quieren atención, especialmente David Waisman y Walter Pacheco, aquellos toledistas de convicción que ahora Castañeda ha convocado en su lista para que despotriquen contra su adversario de Perú Posible. Castañeda dirige unas palabras al público (alrededor de un minuto) y proclama: “¡Que empiece el Lucho Fest! ¡Que empiece el cambio del Perú!”.

 

La prensa lo acosa, pero Castañeda no quiere dar declaraciones. Le dicen ‘el mudo’. Rodeado de agentes de seguridad—matones en realidad, de los más patanes y vulgares—se ubica en una mesa reservada para él y su corte. El acceso a la prensa es restringido y—oh curiosa recurrencia—sólo a algunos reporteros televisivos se les permite acercarle el micrófono. Justamente aquellos reporteros que jamás lo pondrán en aprietos. Y cada vez que se anima a enfrentar las cámaras, sus colaboradores piden que llamen a la popular ‘portátil’, esa gente de oficio triste que vende sus aplausos y euforias. Un par de mujeres morenas de alrededor de cuarenta años y con aliento a licor gritan: “Lucho, te amo”. A pocos metros, un chamán hace piruetas.

 

Siento que todo en la campaña de Castañeda—incluso más que en las otras—es un montaje. Que todo es falso —incluso más que en las otras—. Que la excesiva seguridad en torno a él no es gratuita, que no quieren que hable, que él prefiere esquivar cualquier pregunta incómoda con un gesto déspota o con su identificable risa nasal—jejeje—y que hay algo profundamente autoritario en él.

 

Cerca de Castañeda, están algunos de sus incondicionales colaboradores. Ya que no llegó a contratar como asesor a Juan José Rendón—el ‘Montesinos venezolano’—, Julio Alzola, un ex-periodista, y Armando Molina se encargan de las coordinaciones de prensa. Pero hay otro curioso personaje muy cerca de él: su asesor Martín Bustamante. Un tipo alto, blanco y apuesto, de ojos claros y seductores bigotes. Son amigos desde la infancia y han trabajado décadas juntos. A pesar de su perfil bajo en la campaña, tengo la impresión de que Bustamante ostenta más poder e influencia de lo que aparenta.

 

Durante el único minuto que puedo hablar con Castañeda, lo tomo del brazo. Es blando, fofo. Frente a él, tiene un vaso de gaseosa naranja. Las bandas de adolescentes destrozan todos los géneros musicales sobre el escenario.

 

—¿Le gusta la música?

—Está bacán.

—¿Algún género en especial?

—No tengo ningún género preferido.

 

Ante su parquedad, voy al tumulto en busca de alguno de sus hijos. Uno de ellos, Luis, tiene puesta una gorra. Me presento como periodista y le digo para conversar. Inesperadamente, me da la espalda, sale corriendo y se pierde en la multitud.

 

Irregularidades y caída

 

Luis Castañeda Lossio, quien fue dos veces alcalde de Lima (2003-2010), se presenta como un político gerencial y eficiente, cuyas obras hablan por él. Sin embargo, al cierre de esta nota, la actual administración de la municipalidad de Lima ya había presentado una primera parte del Informe sobre la gestión de Castañeda. El Informe identifica diversos casos de gasto innecesario de recursos, falta de transparencia, inflación de presupuestos y entrega de obras inconclusas. Además, apunta la excesiva utilización de un tercerizador: la administración Castañeda contrató a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) para ejecutar y supervisar la inversión en 178 obras, por S/.1.211 millones, el 48% del presupuesto total para infraestructura.

 

“La OIM se ocupó de todo. Desde el proceso de selección del contratista hasta la entrega y liquidación de la obra. La municipalidad solo aparecía para la foto de la inauguración”, dijo la alcaldesa Villarán. También subrayó el problema de que recurrir a esta modalidad no da opción a la fiscalización. “Al ser la OIM un organismo internacional, la Contraloría General de la República no puede pedirle cuentas; así, nuestras principales obras no han sido auditadas”. Voceros de la contraloría explicaron que “no se pudo fiscalizar a la OIM debido a que este tipo de organismos cuenta con blindaje diplomático”.

 

Y faltan más investigaciones. El Informe aún no incluye la más polémica de las acusaciones de corrupción: el caso Comunicore. La respuesta de Castañeda, por supuesto, ha sido el silencio. Desde antes que saliera el Informe su defensa ha sido que la actual alcaldesa de Lima, Susana Villarán, está coludida con el candidato Alejandro Toledo para dañar su candidatura. Olvida que parte de las promesas electorales de Villarán fue hacer una pronta auditoría a la gestión saliente. Y es exactamente lo que ha hecho. Durante sus últimos meses como alcalde, Castañeda también era acusado de usar recursos de la municipalidad para promover su campaña presidencial y ponerle cartelito con su nombre a cuanta obra inaugurara con el dinero de los ciudadanos. Eran los días en que no paraba de posar para la foto junto con Alan García y parecía claro que Castañeda era su candidato. Castañeda no contaba con que García tenía, tiene y tendrá siempre otros candidatos, otras posibles alianzas. Y ahora está nervioso y paranoico, y lo que es peor, cada vez más solo. Después de haber liderado la intención de voto, las últimas encuestas (Ipsos Apoyo y de la PUCP en marzo de 2011) lo ubican en el tercer puesto (luego de Toledo y Fujimori) y muy cerca de Humala.

 

El asesor Bustamante

 

Martín Bustamante trabaja hace más de 20 años con Castañeda. Son amigos de la infancia en Chiclayo, desde el colegio, y es uno de sus asesores principales. Durante una conferencia de Castañeda, conversé con él.

 

¿Cómo es Castañeda como jefe?

Es un líder nato. Desde chico tenía un liderazgo muy marcado, una gran capacidad para exponer sus ideas. Era muy ingenioso, activo y creativo. Le ha gustado siempre el diseño, el dibujo. Y como jefe, siempre ha sido muy estricto, quiere que las cosas se cumplan. Y lo importante es que siempre le ha dado oportunidad a las personas para que se desarrollen, para que tomen iniciativas y decisiones.

 

¿Es alguien que escucha?

Bastante. Escucha, pero una vez tomadas las decisiones, se cumplen.

 

¿Es impositivo, autoritario?

Tiene autoridad, pero que no se confunda con autoritarismo.

 

¿Cómo es él como persona, su carácter?

Es un poco introvertido. Pero es una persona con gran emoción social. A los 19 años se fue a servir a los comuneros de Pampa Calasaya. A esa edad uno siempre piensa en las discotecas, en disfrutar…

 

¿Y él no?

En la época universitaria éramos bailarines, amigueros. Pero él dejó todo eso para ir a servir.

 

Castañeda es huérfano desde que nació.

Sí. Cuando nació murió su madre. Nunca la conoció. Eso lo ha marcado. Ha habido una ausencia. Pero ha tenido siempre presente a la madre que le ha dado ánimos para luchar.

 

¿Cuál es su mayor defecto?

Tiene un gran defecto que he podido apreciar cuando he trabajado con él en el IPSS y en la Municipalidad de Lima: que es poco comunicativo, que no ha dado a conocer todas las obras que ha hecho.

 

Ha tenido problemas tratando de diferenciarse de Toledo y Keiko. ¿En qué se diferencian?

Se diferencian en mucho. Primero, que Lucho Castañeda es un hombre que promete una cosa y la cumple. Por ejemplo, el ex presidente Alejandro Toledo prometió hacer una carretera y un hospital en su tierra natal Cabana y nunca lo cumplió. Estuvo también en Chota, se arrodilló frente a la Virgen y prometió hacer una carretera y nunca lo cumplió. Creo que a la Virgen se le pueden parar los pelos si llega el candidato Toledo.

 

¿Y con Keiko?

Keiko es muy joven. Es excelente persona, pero muy joven. Le falta experiencia.

 

¿En esta campaña cuál es el rol que usted interpreta?

Estoy trabajando siempre al lado de Lucho Castañeda como asesor y en todos los aspectos que me encomienda.

 

Espero entrevistar a su candidato pronto. Usted que está tan cerca de él ojalá pueda darme una mano para coordinar.

Por supuesto. Con el mayor de los gustos.

 

Una última pregunta. Castañeda está separado de su esposa desde hace algunos años. De llegar a la presidencia, ¿tendrá primera dama?

Bueno, ese es un tema personal. Pero por qué no, puede haber una primera dama.

 

Un rubio pantallazo

 

Después de esta entrevista, escuché rumores de gente de prensa y del medio político que decían que Martín Bustamante era la pareja sentimental de Luis Castañeda. No sé si será cierto; en realidad no importa. Pero tenía pensado preguntárselo. He llamado decenas de veces a sus jefes de prensa para pedir una entrevista y he ido a varias conferencias, eventos y mítines de Castañeda, y siempre han preferido la mecida y el silencio. La vida sentimental de los candidatos es secundaria pero sería revelador verlo responder. Al fin y al cabo ese tipo de camisa amarilla y dientes blanquísimos (al menos en los carteles publicitarios) es el mismo candidato homofóbico, el mismo abanderado de la “moral” que le exige el examen toxicológico a Toledo con la misma vehemencia con la que responde, siempre con aire incuestionable, las intromisiones de la prensa.

 

En el último debate presidencial, la campaña de Castañeda ha querido evadir los cuestionamientos de malos manejos para darle comidilla a la prensa del corazón: llegó al evento acompañado de una atractiva e inédita rubia a quien llamó su “amuleto” (otra torpeza) y que fue identificada inicialmente como una ex reina de belleza. Pero al parecer los medios estaban equivocados. Ahora dicen que se llama Claudia. “Está cerca por la ‘C’”, dijo Castañeda preguntado al paso por el nombre de su acompañante. “Nunca digas de esta agua no he de beber, ni de esta mujer no me voy a enamorar”, agregó. Y estalló en una carcajada.

 

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