Richard Torres: el Ed Wood del teatro peruano

Es director de teatro y un tipo raro. Se pinta las uñas de negro y usa sobrero de copa. Es delgado, mestizo y andrógino. Ha montado 19 obras con un particular estilo que llama “teatro de la catarsis, del desagüe”. Trabaja con personajes faranduleros, actores naturales y otros de formación escénica. Quiso ser sacerdote, pero ahora se declara marginal y disfuncional. Tiene un albergue de más de 800 muñecas abandonadas. Es el Ed Wood peruano. (Entrevista de Paul Alonso publicada en la revista Dedomedio, 2010)

Varios amigos míos del circuito barranquino lo conocían y todos me hablaban de él con una mueca de desprecio. Decían que Richard Torres era un personaje estrambótico y que sus obras eran impresentables, grotescas. Entonces, me llamó la atención. Sabía, además, que sus anti-divas habían sido personajes mediáticos como Leslie Stewart, Angie Jibaja, Susan León, Leysi Suárez, Viviana Rivasplata, Rosa Elvira Cartagena y hasta Ernesto Pimentel. Pero también había trabajado con actores profesionales como Reynaldo Arenas, Fernando De Soria, Ofelia Lazo y Haydee Cáceres. A todos estos los juntaba con travestis, prostitutas callejeras y obreros de construcción. El resultado: un sancochado escénico, teñido de sangre, gritos y escándalo.

No me quedaba otra. Fui a ver su última obra, “Bulín”, y aunque la historia no terminaba de hilarse (¿a quién coño le importa la historia?), disfruté la primera escena: dentro del bar/teatro las luces de neón se estrellaban contra los cuerpos de mujeres semidesnudas que nos rozaban; el acaramelado ambiente de prostíbulo era el escenario de un relato de violencia. Muerte, sexo, efectismo. La tragedia y el puterío hilados en una mala narración del Perú contemporáneo. Lo más rescatable: las ansias de decadencia. Era su obra número 19.

¿Cómo describirías el teatro que haces?

Es un teatro de la catarsis. Trabajo con la verdad, con los seres humanos, más allá de que sean actores. Me gusta mucho la organicidad, la emoción, el momento. Es un teatro experimental, del bajo mundo, del desagüe. La gente me dice ‘ay, eres un marginal’. Sí, pues, soy marginal, me gusta la marginalidad.

¿Por qué la marginalidad?

Porque para mí es un lujo ser marginal y esto no siempre tiene que ser un insulto. Al contrario, creo que los artistas salen de la marginalidad. Por ahí va la definición de mi arte: un teatro desobediente, que no cumple los códigos convencionales. Y eso que vengo de una formación muy ordenada. Estudié en el TUC y en la Escuela Nacional de Arte Dramático.

De las 19 obras que has montado, ¿con cuáles quedaste más satisfecho?

Con “El Arte de las Putas”, que es una oda a la prostitución a partir de un poema griego. Después viene “Orgía” con más de 100 actores en escena, y luego un homenaje a Lucha Reyes que se llama “Mi último vals para Lucha Reyes”, que fue para mí una de las obras más hermosas que hice. Pero todas las obras tuvieron su momento, me involucré mucho en los temas.

¿Cuáles son los rasgos marginales que tiene tu teatro?

Los temas tabú que toco, la gente con la que trabajo, gente que ningún director podría tener en su obra. Porque hay un arte elitista, como el del maestro Alberto Ísola o Roberto Ángeles. Ellos no trabajarían con gente de la calle, taxistas, prostitutas, emolienteros. En “Orgía”, presenté a 20 chicos que trabajaban en una constructora como obreros, todos semidesnudos. A mí me aburre la gente de nariz respingada. Yo soy un artista que deambula por la cuestión sórdida del ser humano. Eso me vuelve loco.

Travestismo, perversión y muñecas

Richard Torres tiene 28 años y nació en un pueblito en la provincia de Kuelap. Su padre era un notario limeño que fue a Amazonas, donde conoció a su madre, procrearon, y se instalaron para criar a sus nueve hijos. Richard creció en esas tierras amazónicas hasta los 14 años cuando vino a Lima porque quería ser sacerdote. Viajó a la capital y entró en la orden jesuita. Se quedó en el convento hasta los 19 años. “De un momento a otro me di cuenta que no era lo mío. Fue como si que me quitaran una venda de los ojos. Lo mío no era la religión; lo mío era el arte”, dice. “Dentro del convento viví muchas cosas que ahora denuncio en mis obras de teatro”. Por eso, hizo una versión teatral de “La Última Tentación de Cristo”: un travesti con sida le reclama a Jesús por el poder de la Iglesia.

¿Has sido travesti?

Sí. Tengo un rollo con el travestismo, porque tengo un lado femenino muy fuerte que me encanta. Desde la forma de mi cuerpo, soy andrógeno. Creo que es un tema emocional. De pronto, un día amaneces y dices ‘puta madre, hoy me dan ganas de mostrar mi lado femenino’. Y lo hago, me gusta experimentar. Pero tampoco podría ser siempre travesti, porque no es mi realidad. Disfruto mucho mi masculinidad, mi barba, mi potencia varonil. El travestismo lo veo como un arte que me lleva a otros contextos, que no necesariamente son sexuales.

Conduces un programa en una radio gay. ¿Te consideras un activista gay?

No. Porque tampoco soy muy gay que digamos. No me declaro gay totalmente. Me considero una persona open en general, o sea, yo conecto con el ser humano, hombre o mujer. Así que no soy activista gay, sino lucho por los derechos de los seres humanos y denuncio cosas injustas, como la homofobia.

¿Te identificas con Ed Wood, el cineasta norteamericano famoso por sus malas películas?

En verdad es la primera vez que lo escucho. No conocía a ese cineasta, lo voy a buscar. Era un locazo, de hecho. A mí me han dicho de todo. Beto Ortiz me dijo como en burla que era el Tim Burton peruano, el Almodóvar. Pero te juro por lo más sagrado que yo no le he ganado a nadie y no quiero ganarle a nadie. Admiro mucho a Almodóvar porque ha sido una fuente para mí. Pero más allá está Pasolini, Fellini, que son mis iconos. De cualquier manera, lo que yo hago es un arte pobre.

¿Arte pobre?

Es pobre porque lastimosamente no tengo financiamiento, o sea, no gano un puto sol en mis obras. Nadie me auspicia. Tengo amigos o algunas empresa que me dicen ‘bueno, te doy agua para tus actores, te doy maquillaje”. Pero nunca me han auspiciado con dinero.

¿Qué intención tienes con tus obras?

Yo hago arte porque me mueve que la gente tome conciencia del ser humano. Siempre en mi teatro existe un mensaje, hay una cuestión con la justicia. Me siento una persona diferente y espiritual. He crecido con la imagen de Cristo en mi cabeza y creo que fue un revolucionario. El mensaje mayor de Jesús fue ‘ámense los unos a los otros como yo los he amado’. Por eso, el tema de las muñecas.

¿De qué se trata tu albergue de muñecas?

Yo soy artista plástico también y he trabajado muchos años con elementos del despojo, aquello que la gente ya no quiere, entre ellos, las muñecas y los juguetes. Las muñecas para mí son como un referente de mi infancia en Kuelap, porque de chiquito mis padres no me dejaban jugar con muñecas. Entonces, me iba al río, a la fortaleza de Kuelap, y armaba mis muñecas de piedra. Tiempo después, cuando salí del convento, me metí de lleno en este proyecto. Es el primer albergue de muñecas en el Perú y quizá en el mundo. Tengo 880 muñecas viejas, de cualquier parte del planeta, incluso del terremoto de Chincha. Les doy un hogar, amor. Les doy un espacio donde ellas pueden lucir su historia, así cochinas, sucias, sin brazos, apestosas.

¿Por qué te pintas las uñas de negro?

Me encanta el color negro. Creo que es una cuestión de fetichismo. Soy fetichista y vouyerista. Me gusta mirar cuando dos personas tienen sexo. Pero soy una persona limpia a nivel personal. Soy alérgico al alcohol, no soporto el cigarro, no me meto drogas. Pero soy fetichista. Me gustan mucho los pies, las mujeres con portaligas. Es una locura fuertaza, incluso he estado metido en ese tema de los swingers, he visto gente teniendo sexo. Es locazo y ni siquiera me la corro.

¿Cómo te llevas con tu familia? Imagino que tú actitud frente a la vida causará controversia familiar.

Mi familia es totalmente distinta a mí, olvídate. No nos parecemos absolutamente en nada. Mis hermanos son militares. Pero eso es lo que admiro de la gente del campo: no juzgan, ¿entiendes? La gente del campo no pregunta, no se hace rollos. Creo que tienen un sexto sentido frente a alguien como yo y no preguntan porque se meterían en problemas. No podrían entender. Yo me llevo bien con mis hermanos. Los respeto mucho. Cuando estoy con ellos, trato de ser lo más normal posible. Igual no le hago daño a nadie. No creo ser una persona que infecte al mundo.

¿Te consideras un freak?

Para mí es un honor. No me molesta lo freak. Soy un disfuncional, así tal cual, un disfuncional total.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Richard Torres: el Ed Wood del teatro peruano

  1. I can not tell you this new year to you like a friend like that, you just want to say that we love, we love to fully take advantage of this beautiful world it is very pretty things I need and I believe you need to protect vulnerable children, dear friends are doing on your website and what did you do for vulnerable people to your website very beautiful image of two thousand and two thousand nine in ten years was the constant wars and we do not want to die and no one would say no to war and I believe everyone deserves to live in freedom, and brotherly countries, and it continues to make death, the last stop of all of us no longer have to say that no human water such needs are met and got to eat, and I think we should be constantly help each other. come through me as if I wrote was a mistake and I apologize to everyone I congratulate the best wishes everyone a happy new year everyone a peaceful new year I wish to spend.

  2. me encanta osea el es un hermosooo io teadoro mi rich con mi ser muaa eres increible o.O tenemoz ke hablar de ezto ajjaja

  3. Vanessa Gastelo Heredia

    El es un ser pequeño con el corazón totalmente grande… un artista en la amplitud de la palbra…. by Vane Gastelo

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