Enrique Zileri: “Todo el esfuerzo de Caretas ha sido derrotar lo efímero”

Veterano fundacional del oficio revistero moderno y progresista, Enrique Zileri inventó una parte del periodismo peruano. “Leyenda viva”, le dicen, pero él rechaza esto de la misma manera como niega haber tirado un televisor por la ventana de su oficina. Ha sido el alma de Caretas, el semanario más antiguo del Perú, que heredó de su madre, la precursora Doris Gibson. Caretas ha sobrevivido seis décadas en las que fue cerrada por Velasco, hizo periodismo de investigación en la época de Sendero, fue llamada por Fujimori como “una piedra en el zapato” y ha parido varios talentos locales del periodismo. Caretas cumple 60 años y Zileri nunca dice su edad. (Entrevista de Paul Alonso, publicada en Terra, octubre, 2010).

Nos recibe en su casa de Casuarinas para tomar desayuno. Lo encontramos mirando entusiasmado unas impresiones con los últimos descubrimientos del MIT Media Lab: una cuchara que mide la calidad de los alimentos, zapatillas que generan electricidad, robots con sensibilidad social y una máquina de teletransportación. Es un curioso inagotable, porque la curiosidad, asegura, es el germen del periodismo.

En esta conversación que duró alrededor de dos horas, Zileri habla de política, poder, mujeres, periodismo, bohemia y toros. Recuerda cuando Caretas quedaba en un edificio junto a un salón de masajes “con otros servicios”. Dice que la cachetada de Alan García fue un impulso humano y que peor fue el puñete de Vargas Llosa a García Márquez. Analiza a los candidatos del 2011, dice que sintió el terror en Huanta y que nunca tuvo tanto poder como cuando se bañó en la pileta de la Plaza de Armas.

Alguna gente piensa que Caretas ha envejecido. ¿A usted le parece así?

Es una preocupación. Tratamos de evitarlo, pero algo de eso debe haber. El otro día Gorriti mencionó que Caretas era un auto rojo de cuatro puertas, utilitario. Pero rojo, eso sí. Antes podíamos haber sido un convertible, pero ahora ya no hay convertibles. Es que hay un equilibrio bien complicado en las publicaciones que tienen historia. Una vez escuché a un danés que hablaba sobre un diario que tenía como 200 años. Tras hacer un estudio de lectoría, concluyeron que había que sacar la sección de bridge, porque según las encuestas, casi nadie lo jugaba. Se armó un lío espantoso con los pocos que jugaban bridge. Empezaron a hablar pestes del diario y se corrió la voz. Tuvieron que volver a poner la sección. Hay ciertas costumbres, lectores antiguos y fieles que hay que respetar, a la vez que vas buscando nuevas fórmulas.

¿Cuáles son los personajes más raros o excéntricos que han pasado por Caretas?

Uy. No voy a dar nombres. Había un tipo que tenía la cabeza tan grande que sólo tenía dolor de cabeza en ciertas partes. Y tenía un tic nervioso que se sacaba un conejo estirando el brazo para arriba. Tenía unas notas muy divertidas; encontraba anuncios clasificados que ofrecían unas cosas muy raras. Hasta que un día cayó la policía y lo detiene. Es que estaba editando una revista pornográfica y vivía con dos mujeres en una oficina. Nosotros no sabíamos nada, en la luna. Después, una noche estábamos en cierre y escuchamos unos golpes: tsa, tsa. Y el cabezón dice: ‘látigo’. Era un experto en sesiones de sadomasoquismo.

Caretas cumple 60 años. ¿Cuál es la principal diferencia entre las primeras ediciones de los 50s y las de hoy?

Sideral. La primera edición de Caretas tenía en la carátula un barco acoderado en el Callao. Era en medio de la dictadura de Odría y salía en una revista de interés general no política. Pero esos gobiernos dictatoriales son los más inseguros, los más paranoicos. Alguien dijo ‘¿ese barco no se refiere a todos los presos en el Frontón?’ Pero no tenía nada que ver. Era un mensuario y salió sin capital; era un préstamo de un tío de Doris, Manuel Parra Del Riego, una máquina de escribir y una fotograma. Era una publicación rudimentaria, en blanco y negro. Muy pronto comenzó a meterse en política, porque no podían con su genio, tanto Doris como Francisco Igartua. Ahora es una cosa completamente diferente. Son dos políticas, una revista siamesa, con Ellos & Ellas. Una fórmula rara, una criatura muy especial.

El panorama mediático y el manejo de información ha cambiado mucho en las últimas décadas, especialmente debido a Internet. ¿Cómo ha afectado eso a Caretas?

Caretas fue el primer medio peruano en entrar a Internet, en 1995. Lamentablemente nos fuimos quedando y es una página que está ahí. Tenemos que invertir, porque ahora hay páginas fantásticas, múltiples, que cambian todos los días y a cada rato. Nosotros no. Se ha quedado un poco a la antigua.

Caretas ha sido una gran cantera de formación de periodistas. ¿Cómo ha elegido usted a lo largo del tiempo a su elenco de reporteros?

Lo que ha pasado es que ha habido una sala de redacción muy buena, unos periodistas fantásticos. Siempre ha habido una simbiosis. La revista tiene una cierta orientación, cierta personalidad, a favor de la democracia, un medio progresista, centro-izquierda, pero tampoco loco. Esto atrae a ciertos personajes, como Hildebrandt, que era cronista deportivo, Gorriti que era un agricultor con vocación literaria, Raúl Vargas estaba en el magisterio. Pero todos los que han entrado siempre nos han aportado. Han ido moldeando la publicación. Lamentablemente la economía de una revista de este estilo en el Perú es difícil, porque priorizamos la línea editorial sobre las consideraciones económicas. Y hay momentos en que ciertos periodistas tienen que crecer. La televisión por lo pronto es un atractivo tremendo en nivel de ingresos. A la vez, el periodista de televisión es muy vulnerable, entra en otro mundo.

Si usted tuviera que empezar Caretas ahora en el 2010, ¿cómo lo haría?

Ser un editor es ser un pesado eternamente y nunca estar contento con ninguna edición y nunca tener la edición soñada. Pero estamos en medio de una evolución inmensa en todo el mundo y con unas grandes catástrofes en la prensa escrita, especialmente en los países desarrollados. Así que seguramente empezaríamos con una página web muchísimo más elaborada, una combinación de impreso y web más elaborada.

Poder, amistad y presidentes

¿De qué presidente es o ha sido amigo?

Hubo una época en la que yo trataba mucho con Alan García, en su gobierno más crítico. Era un tipo joven con unos medios fenomenales, en una economía que fue catastrófica para el Perú, pero también para toda Latinoamérica. Por algún motivo, con Fernando Belaúnde nos tuteábamos. Y él era un tipo muy formal. Pero para un periodista es difícil ser amigo con un político. Siempre hay un límite. En determinado momento tienes que criticar alguna situación.

¿Y usted cree que siempre ha sido crítico con Alan García?

Sí, e incluso injustamente. Olivera llegó a convencernos de que en el gobierno había una operación dolosa y sacamos informaciones. Y la verdad que eso era falso. Lo que pasa es que cuando termina un gobierno linchamos al presidente. Y cuando terminó García su primer gobierno en un desastre, el linchamiento era total porque había creado tantas expectativas al principio. Era una especie de Mesías, un personaje iluminado, fabuloso, con gran aprobación. Y revienta todo. Al final hay una suerte de venganza general por la decepción. Decían que era el ladrón más grande del Perú y nosotros sólo pedíamos un poco de pruebas más concretas. Lo que pasa es que a Alan le encanta la ópera y tiene la personalidad del tenor. Canta todo. Se puso en los papeles más riesgosos.

¿Y en este último gobierno cuál ha sido el mayor error de García?

Cuando redujo los sueldos al sector público. Eso es una tontería. No puedes pretender que un alcalde distrital de Lima gane S/. 4700. Allison, por ejemplo. Excepto que sea alguien que se dedique a otra actividad o que tenga fortuna o que robe. Será popular, pero no es realista. Por otro lado, García no creó la regionalización tal como nos ha llegado. Lo hizo Toledo. Y no funciona, hay una incapacidad de gestión. Es un defecto de este gobierno y de Alan.

¿Cuál es la mejor manera de manejar el asunto de la amistad con los poderosos y mantener independencia periodística?

Hacerte la idea de que vas a tener épocas de sonrisas y otras de ceños fruncidos. Cuando hay un contacto directo con los políticos de más alto rango, uno descubre que los personajes son más complicados que como los pinta el debate político, como caricaturas, en blanco y negro. Encontrar al villano-villano no es fácil. Es gente que tiene una serie de aspectos positivos. El Chino Velasco era gracioso; después se molestaba y hacía desastres. Lo que sucede es que muchos de estos tienen una buena intención. Creen que le van a hacer bien al país o que son los salvadores de la patria. Y claro, ahí pesa si tienen un ego excesivo o deformación del carácter. Un tema complicado, pero así está hecha la Historia.

¿En qué momento de su trayectoria periodística cree que usted tuvo más poder entre sus manos?

¿Tú sabes cuando sentí que tuvimos muchísimo poder? Cuando nos bañamos en la pileta de la Plaza de Armas. Nunca hemos tenido tantas cámaras encima. Habíamos apostado que el Chino [Fujimori] no era reelegido en la primera vuelta, y ganó en primera vuelta. Y el mismo día nos bañamos. De prensa local, estaban todas las geishas de Fujimori, encantadas de la vida. Y todo el resto de la prensa internacional mirando a estos locos bañándose en la pileta. Cumplimos nuestra promesa y, mirando a Palacio, dijimos ‘ahora que ese señor que está ahí cumpla su promesa’. A veces, cuando uno pierde, tiene más poder.

Mujeres, toros y bohemia

Su madre, Doris Gibson, fue una mujer de avanzada, una precursora. ¿Qué otras mujeres cree que han cumplido un rol así en el Perú?

En este momento todo está dominado por las mujeres. La fiscalía de la Nación está manejada por mujeres. A mí me llama la atención que hay más mujeres universitarias que hombres. Es un fenómeno interesantísimo. Y estamos en esta lucha de dos mujeres en la alcaldía… Pero uno diría Micaela Bastidas, Mama Ocllo, quizá alguna aprista, como Elena Távara, la mujer de Townsend, que le metió una cachetada a Alan García en público. Y se preciaba de ello. Una señora muy guapa. Haya la llamana “El Etna”.

Usted ha dicho que su madre era una mujer “chuncha” con sus afectos. ¿Cuál es el momento más emotivo que recuerda de ella?

Cuando yo regresé de estudiar de Estados Unidos, había una manifestación en el año 50. Salgo con Doris caminando y de repente esta señora de 40 años empieza a gritar: ‘¡Fuera de acá cachacos!’. Tenía cierta actitud contra la autoridad uniformada. Acababa de suceder un Arequipazo terrible. Fue una actitud que me llamó la atención por el contraste: una señora muy guapa, medio gringa, clase media alta, pero muy aguerrida y a la vez era una mujer muy tímida, no podía hacer un brindis en público. También era muy audaz. Una vez estábamos en una situación económica difícil en la revista. Ella se va al banco y dice: ‘¿Dónde está fulano que es el presidente del directorio?’ No la dejaban pasar y ella se metió a la oficina y consiguió una línea de crédito. Ella podía hacer cosas imposibles, que ninguno de nosotros podía hacer en ciertas situaciones.

¿Qué es lo que más le atrae de una mujer?

[Mira a la fotógrafa que me acompaña, se ríe y dice: ‘¿esto va a salir en Terra?’ Piensa de nuevo su respuesta.]… Las mujeres tienen un poder extraordinario sobre los hombres. Los hombres se creen muy conquistadores, pero en realidad las mujeres tienen la sartén por el mango. Y cuando una mujer te echa el ojo, te sacaste la lotería. Porque tú crees que la has conquistado, pero no es así. Hay un documental inglés sobre aves y había uno sobre los rituales de emparejamiento de aves y el caso del gallito de las rocas. Hay una gallinita que está discretamente vestida y se pone en una rama. Abajo, hay como 10 machos que se ponen a hacer cosas ridículas en el suelo para llamar su atención. Y como tienen mala voz, hacen unos graznidos espantosos. Saltan en una pata, una serie de cosas. Hasta que la hembra baja y escoge a uno. Entonces, todo el resto sale volando. Se sospecha que después se suicidan en un río. La hembra escoge, pues. El atractivo de una mujer es poderosísimo.

Una de sus aficiones son los toros. ¿Qué piensa de las críticas contra el arte taurino?

Yo fui a Acho antes de los diez años. Es simplemente gente que no entiende este ritual, entre el peligro y el hombre que se enfrenta a la muerte, la capacidad de desarrollar una suerte de arte frente al peligro, el triunfo del hombre sobre la muerte. Es un ritual antiquísimo, que inspira a tantos artistas. Por supuesto, hay gente a la que nunca se va a convencer; pensarán que es una crueldad inútil. Pero tampoco se va a convencer a los que creemos que tiene una carga emotiva. Es un espectáculo que lo prefiero a las carreras de autos, a estar ahí como un idiota viendo cómo pasan los autos.

Usted fue deportado en tiempos cuando los periodistas desaparecían en países vecinos con dictaduras. ¿Qué es lo más cerca que ha estado de la muerte?

En peligro personal, por algún motivo, nunca. Pero donde sí sentí el terror, pucha, fue en Huanta en 1984. Fue el año con más muertes. Fuimos al famoso estadio donde había desaparecido Ayala. No podías acercarte a más de diez metros. Y el guardia nos dice: ‘oiga, ¿a dónde va?’ ‘Estábamos buscando al fiscal’, dijimos. ‘Desconozco’, dice. Tú le veías los ojos encendidos. La gente que está en una situación de tensión extrema de repente ha tomado un estimulante, algo. En eso recogemos a una señora que estaba muy elegantona. Y se pone a llorar. Ella también buscaba al fiscal. Era una enfermera huantina que vivía en Lima y su padre y otros familiares habían desaparecido. Era un drama. Había venido toda elegante para hacerse respetar. Finalmente, vimos al fiscal. Era una sensación, oye, de terror, de temor. Un mes después se encontraron esas fosas comunes y el padre era uno de los cadáveres, que los habían matado a patadas. Una cosa espantosa, una época de violencia feroz.

Usted viene de una generación y de una época en la que el periodismo fue muy estigmatizado con la vida bohemia. ¿Cuál cree que es la relación entre periodismo y bohemia?

Me pregunto si eso no ha pasado ya; esa época ha cambiado mucho. Antes todo el mundo se amanecía, te ibas de juerga. Ahora está prohibido fumar en la redacción. Nosotros no hemos logrado superar la noche de cierre, que es espantosa. Pero esa bohemia que todo el mundo trabajaba con dos o tres cajetillas de cigarrillos encima y una botellita por ahí metida, en la redacción, y después te ibas de jarana, creo que ha terminado, ya no es lo mismo. Ahora hay menos ruido, no hay linotipos, hay más silencio.

Elecciones presidenciales del 2011

“Hay dos candidaturas que son un problema. La primera es Keiko. ¡Pobre Keiko! Era de las figuras virtuosas del Fujimorato. Era chica. Cuando fuga Fujimori la deja solita sin avisarle en Palacio de Gobierno, y ella sale de verdad apesadumbrada y dice: ‘yo no me voy del Perú’. Pero está atrapada en la lealtad familiar y el momentum político que tiene se lo debe mucho al gobierno de su padre. Si es elegida, va a tratar de indultar a su padre. Y va a ser un escándalo internacional. Porque fue un juicio observado por el mundo y fue correcto. Sería un escándalo de país bananero. Por otro lado, si entra Ollanta arrastra a Chávez. Y él siendo seguramente una persona bien intencionada tiene poca experiencia política. Su partido del nacionalismo es un enredo de un montón de gente que tiene diferentes ideas y se dividen muy fácil. Inmediatamente, generaría un pánico empresarial; levantaría una serie de ilusiones caóticas. Le vendría toda la demagogia de Chávez que está haciendo pedazos Venezuela. Castañeda Lossio de repente derrota una vieja tradición peruana: que el alcalde nunca llega a la presidencia. Sería un milagro. Toledo tiene posibilidades, porque hay una tendencia reeleccionista, ‘más vale malo conocido’. Además los años de Toledo fueron de auge económico. ¿Y qué otro va quedando? Obviamente que el APRA no tiene candidato y Alan no quiere. Uno va llegando a la conclusión de que está entre Castañeda y Toledo. Sin duda, García va a favorecer a Castañeda y Toledo está en la línea de ganar votos criticando al gobierno… Van a ser unas elecciones divertidas”.

Epílogo

En este momento de su vida, ¿qué nota periodística le gustaría escribir?

Una entrevista más a Juan Miguel Bákula, el Amauta, quien lamentablemente falleció hace algunos días. Gran experto con sus libros de la historia diplomática del Perú. Son capitales para entender nuestra historia. Es el Basadre de la diplomacia, con unas observaciones formidables.

Si en algún momento tuviera que cerrar Caretas, ¿con qué frase o epitafio lo haría?

Me estás pidiendo algo imposible, impensable. Todo el esfuerzo de Caretas ha sido derrotar lo efímero… Si tuviera que cerrar, diría: ‘Esto es temporal’.

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