Susana Villarán: “No soy una tía regia”

Susana Villarán me toma de las dos manos, me mira a los ojos y me dice: “Vamos a hablar. Yo encantada de hablar de cosas interesantes y que no sea sólo de Lulú”. Tres horas más tarde, me subo agitadamente con ella a una camioneta verde y sólo sus colaboradores más cercanos. Estamos en el tumultuoso Gamara y, desde el interior de la camioneta, seguimos rodeados de una muchedumbre abrumadora que toca las ventanas y golpea las puertas. Las cámaras de televisión, los micrófonos, grabadoras, las manos que se meten por las ventanas, los gritos y los simpatizantes que quieren la última palabra o imagen de la candidata. Es un día antes del cierre de campaña y este domingo sabré si la mujer que está sentada delante de mí será o no la próxima alcaldesa de Lima. (Entrevista de Paul Alonso publicada en Terra, 2010)

 

La camioneta arranca y la gente sigue corriendo al costado del vehículo, hasta que por fin llegamos a la avenida y los dejamos atrás. Susana voltea hacia mí desde el asiento delantero, sonríe y me dice “empecemos con las preguntas”.

 

¿Qué le dirías a la gente que piensa que no tendrías la fortaleza de gobernar?

 

La verdad es que yo ya he gobernado. A mí que me miren por lo que he hecho. Yo he sido parte de un gobierno al que le tocó una transición dificilísima, entre la dictadura y la democracia. Cuando asumimos el gobierno de transición con Paniagua y Javier Pérez de Cuellar y con ese equipo, había una crisis profundísima. De un nivel que no nos podemos imaginar. Y nosotros logramos hacer un gobierno que estabilizó el país en una situación de profundo caos, descrédito, corrupción. Así que ya he gobernado, como Ministra de la Mujer y miembro del gobierno de transición en varias tareas. Y también he sido parte de un equipo de gobierno con Fernando Rospigliosi y Gino Costa. O sea, yo tengo capacidad. Pertenezco a un partido político, Fuerza Social, que viene de 12 años de historia política. Y las personas que están aquí contigo en el automóvil son fundadores de ese partido. Y ha habido un trabajo de años. Así que esa idea de la improvisación, de que a mí me falta firmeza, que no tenemos equipo, que no me la esperaba… Por supuesto que se han dado una serie de factores que han posibilitado este ascenso. Pero el factor más importante es el hartazgo de la política tradicional.

 

Alguna gente piensa que has sido demasiado pasiva frente a los ataques, por ejemplo, en el último debate.

 

Una cosa es la serenidad y ser una persona pacífica y otra es ser pasiva. Yo no soy pasiva. Soy un mujer muy activa, firme. Y he contestado lo que tenía que contestar. Si ese debate se hubiera convertido en ‘tú estás llena de rojos y te vas con senderistas’ o ‘tú estás con Cataño’, ¿crees que la gente hubiera aceptado una contienda de esa naturaleza’. Yo siempre supe que tenía que mantener un estándar alto de lo que significa hacer política. Por eso, se vieron dos maneras distintas de hacer política. Y la gente no quiere lo que Lourdes representa. Lo siento, pero se equivocó.

 

Política perra

 

Los ánimos están caldeados tras la agresiva campaña entre Villarán y Flores. Las estigmatizaciones han estado a flor de piel. Por un lado, Lourdes: la derecha conservadora, la política tradicional, los grupos de poder, le han apuntado vínculos laborales con un acusado de narcotráfico y hasta con un militar de Fujimori encarcelado por violaciones a los derechos humanos, la soltera madura que no es madre y quizá es virgen. Por el otro lado, Susana: la terruca, la “caperucita roja” que perteneció al partido comunista, que tiene el apoyo de Humala, que es allegada a grupos “radicales” de izquierda, que está a favor de las drogas, que es un peligro para el progreso y las inversiones, la tía regia, caviar, improvisada y campechana. Es decir, los mismos cucos que no han permitido que Lima salga de una moral maniquea, de una primitiva y arbitraria distinción que jamás se da de manera tan sencilla en la realidad. Sin embargo, ambas candidatas han apelado en su campaña a varios de estos rasgos en su mayoría aún incomprobables. Con la prensa y los medios divididos en bandos pandillescos, hoy existen versiones de que durante el debate Susana dijo sobre Lourdes: “Es una perra”. Sin embargo, Susana me dice: “No dije eso. Habré dicho ‘es una pena’”.

 

¿Por qué crees que ha sido una campaña tan polarizada?

 

La polarización que se ha expresado luego de la que hubo entre Lourdes y Kouri, la de hoy, es entre las fuerzas políticas tradicionales y el cambio, los partidos emergentes. La gente está esperando algo nuevo que está surgiendo en medio de nosotros. Se expresa en Fuerza Social, en mi candidatura, pero va mucho más allá de eso. Es una inmensa responsabilidad. Eso no nos ocurría desde hace mucho tiempo. Esa es la verdadera polarización. Pero a mí no me gusta trazar líneas. Me gusta unir, concertar, el diálogo.

 

¿Cuál crees que es el rol que han tenido los medios de comunicación en esta campaña llenas de ataques?

 

Los medios juegan un papel importante. Pero como me decía un viejo periodista: los medios nunca han hecho que gane una candidata o candidato la elección. Y cuando me puse a pensar, me di cuenta de que era verdad: los candidatos de los medios no ganaron. Pero fíjate, por ejemplo, en Lourdes Flores. A mí me han dicho ‘pero Bayly le ha hecho una demolición implacable’. Pero Lourdes no se ha movido de su intención de voto. Veamos las cifras con frialdad. Los que hemos crecido somos nosotros. ¿Hemos crecido porque Kouri se fue? En parte. Pero ya veníamos creciendo al 13% antes de que tacharan a Kouri. ¿Por qué? Porque la gente está buscando algo nuevo, otro estilo. Tres campañas de Lourdes pesan, son un estilo parecido. Los medios tienen influencia, pero no definen las elecciones.

 

¿Te consideras la candidata de los medios?

 

No, porque los medios estuvieron cerradísimos para mí durante muchísimo tiempo. Tuvimos que hacer volantines y piruetas y de todo para que nos tomaran en cuenta. Y hoy la marca del verde ya es reconocida, el verde de la chalina, del chaleco y la caperucita. Gracias a Lourdes que me regaló eso, como la caperucita llevándole las manzanitas a la abuela. Ahora sólo he pedido un leñador, porque me hace falta un leñador.

 

¿Crees que las dicotomías que se han creado—como derecha versus izquierda— funcionan?

 

Lourdes se ha dedicado a trazar líneas, entre la corrupción y la decencia, entre el pasado y el futuro, entre la izquierda y la derecha. Y aquí no estamos entre eso. Estamos entre una manera tradicional de hacer política, donde hay padrinos y hay que pagar favores, donde las campañas que cuestan se pagan después con negocios, y nuestra nueva manera de hacer política limpia, de manos limpias, de equipos, de ciudadanos, de personas que se hacen cargo. La gente dice ‘ganamos Susana’. No dicen ‘estás ganando’. Y esa confianza de la gente es inmensamente sagrada.

 

Esta ha sido una campaña especialmente agresiva. ¿Cómo te ha afectado eso emocionalmente?

 

Si esos ataques y esa agresión no hubiera sido compensada por el cariño de la gente, realmente no la hubiera pasado bien. Pero tú acabas de experimentar lo que yo experimento todos los días. Es más que afecto. Me dicen ‘te bendigo’, ‘quiero que salgas adelante’, ‘estamos ganando’, ‘somos’. Eso te da una fuerza muy grande para resistir lo que digan sobre ti. No quiere decir que no me afecte, porque eso sería mentir. Pero compensa muchísimo y el final es siempre positivo.

 

La tía regia

 

He pasado dos tardes con Susana Villarán—antes y después del debate final con Lourdes Flores—y, hay que ser franco, Susana es una mujer encantadora. Habla con soltura y humor, y su caballito de batalla es no ser tradicional. Debe haber sido guapa y atractiva en su juventud, porque a sus 61 años aún mantiene esa estampa y la espontaneidad de quien se ha sabido pretendida. En campaña, ha vestido de manera similar: tiene puesto un chaleco verde sobre una blusa blanca algo percudida, su ahora simbólica chalina verde y una férula también verde que usa porque los ajetreos del proselitismo le han dañado el brazo. Abajo, un pantalón negro y unas botas negras algo gastadas en las puntas. Los labios tenuemente pintados y en el triángulo de su rostro destacan sus anteojos marrones de carey de media luna y unos aretes redondos y sencillos. Tiene pecas en las manos y las arrugas marcan su frente, sobre el labio y, cuando sonríe, unas patas de gallo se marcan con firmeza.

 

¿No crees que un montón de gente va a votar por ti porque les caes mejor que Lourdes?

 

La política es antropomorfa, se encarna en personas, los liderazgos existen. Bueno, también soy una tía regia, ¿no dijo así?… No, no soy una tía regia. Soy una ciudadana normal. Creo que la gente me siente más parecida a ellos y más cerca. Eso es lo que yo he podido percibir.

 

¿Cómo qué ciudad te gustaría que fuera Lima o qué ciudad te inspira?

 

Me inspira mucho Bogotá. La conozco mucho, he trabajo ahí. Nuestra ciudad se parece a esa Bogotá de antes de Mockus, de Peñalosa, de Garzón. He seguido las tres administraciones, conozco el trabajo de la policía metropolitana de Bogotá. He estado muy cerca de eso. Somos una ciudad más o menos equivalente en población y esa es la ciudad que yo tengo como modelo.

 

Hoy hablaste de cultura y te reuniste con un grupo de artistas. ¿Es un círculo que frecuentas?

 

No sólo es un círculo que frecuento. Tengo una familia así. El primer Villarán que llego a esta tierra fue un poeta. Mi abuelo Ricardo Villarán fue el primero que hizo cine peruano, con Amauta Films, en los años 30. Mi padre escribía poesía también. Yo he leído mucho y me encanta la pintura. Siempre he tenido una debilidad por la pintura. Además, creo que la cultura es fundamental para generar convivencia entre nosotros, para enfrentar la violencia, para aceptarnos como somos, para expresar nuestras identidades. Si no hay una política cultural, va a ser bien difícil que tengamos orden. Porque la educación no se reduce a la escuela. La cohesión social es parte de valores que se comparten.

 

Cuando empezaste en política, ¿pensaste tendrías el rol que has asumido ahora en el espectro político o tenías otra de vocación de servicio?

 

Siempre he tenido una vocación de trabajo social. Si algo me define es que soy una innovadora social, una luchadora social. Esa es mi identidad. Ya sea en derechos humanos, políticas sociales, políticas de seguridad. La vocación política la tengo en el ADN. Viene de mi familia, está en la sangre. Ahora, no sabía que iba a ser Ministra o Defensora de la Policía o Presidenta, eso no lo sabía. Yo no he planificado mi vida para ser presidenta ni esas cosas. De chiquita no quería ser presidenta.

 

¿Qué querías ser?

 

Quería ser mamá.

 

 

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Archivado bajo Crónicas, Entrevistas, Política

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