César Hildebrandt: “He sido un muchacho relativamente infiel”

Es el periodista más rebelde y crítico del Perú y quizá por eso lo han despedido 14 veces de la televisión, medio al que ya no quiere regresar. Ahora dirige el semanario “Hildebrandt en sus trece” y se considera parte de la escuela salvaje del periodismo. Admite que fue un muchacho infiel y da consejos para una monogamia feliz. (Entrevista de Paul Alonso en Terra TV, publicada en abril de 2012. Puede ver aquí la primera  y segunda parte del video de la entrevista).

-No puedo reconciliarme con el mundo. Tengo una enemistad con el mundo tal como está. Lo considero injusto, en ciertos aspectos abominable, y definitivamente gris. El Perú es parte del mundo.

-Yo soy de centro izquierda sin lugar a dudas. Soy un liberal que sí cree ser liberal.

-La lucidez conduce al desasosiego. No me considero para nada brillante, pero me considero con el suficiente cociente intelectual como para darme cuenta de quiénes cortan el jamón, quiénes fingen que no lo cortan, y quiénes obedecen. Y desde muy joven decidí que yo no iba a ser parte de la manada.

-La rebeldía es un fenómeno intelectual, no psiquiátrico. La rebeldía psiquiátrica me hubiera conducido a la pasta, a la cocaína.

-He sido un muchacho saltimbanqui, pluralista, y relativamente infiel. De ese muchacho surtido no queda mucho. En realidad no queda nada. Queda un monógamo premeditado, al que no le cuesta ningún esfuerzo ser monógamo.

-Hay que partir de la felicidad para ser monógamo. No es que uno se vuelva feliz por ser monógamo, uno es monógamo porque es feliz.

-Yo no soy marxista, pero admiro a Marx. Prefiero mil veces a Marx, que a todos aquellos que dicen que no hay nada que cambiar, las cosas son así, el partido está establecido y el árbitro está en contra.

-Nuestra historia es la de una clase dominante que no construye un país, como lo hace la clase conservadora chilena.

-Pertenezco a la escuela salvaje del periodismo, de los Zileri, los Igartúa, somos como los caballos que en Estados Unidos galopan libremente, los ´mustang´, sí, así se llaman.

-Los animales me conmueven, su dependencia, encarnan una vida sin malicia, una vida que no se interroga sobre sí misma, que no pregunta, una vida que no duda, absolutamente desasida de todos los malestares que a nosotros nos perturban, de todas las codicias, suciedades, ambiciones que nos malogran tanto. Un animal para mí es la encarnación más depurada de la vida. Los amo. Y por eso odio tanto a los taurófilos.

-Releo mucha poesía, Góngora, Pedro Salinas, Quevedo. Me gustan los clásicos.

-Joyce cambió mi vida. Porque me asomó a una experiencia de lenguaje totalmente extraña. No sabía que el lenguaje podía conducirme a ese festival de la sensualidad y de la inteligencia.

-Yo sentí que con García Marquez el idioma español tenía las turbinas a toda potencia y que era imposible escribir mejor. Y lo he comprobado. No leído otro libro más absolutamente perfecto que “Cien Años de Soledad”.

-Yo escribí un libro personal, que pretendió ser una novela y no sé si llegó a serlo… Es un libro que considero fallido.

-Mi semanario se financia por los lectores. Los lectores nos compran y de eso vivimos, con austeridad, dignamente. Nuestra oficina tiene 90 metros cuadrados, 7 computadoras, 7 redactores, mucho ánimo, muchas ganas y varios teléfonos.

-Mi hijo va a tener un hijo dentro de muy poco. Me llevo bien con él. Tenemos una relación fluida donde no hablamos de la profesión… Uno siempre es de algún modo cómplice de un hijo.

-Martha [Hildebrandt] es una persona muy brillante. De las lingüistas latinoamericanas, la primera. Y del mundo, una de las más importantes.

 -Mi mayor frivolidad, mi mayor depravación, es tomar Kola Inglesa. Soy un adicto a la Kola Inglesa. La tomo a escondidas, con suma vergüenza, pero tengo que reconocer que me encanta. Y no me refiero a ninguna actriz británica.

-La gente que me conoce sabe que soy bromista, cachaciento, humorista, capaz de tolerar el humor de otros también.

-[Tenía] la imagen del personaje que hacía las preguntas antipáticas, las repreguntas odiosas, la entrevista invasiva. Ese personaje no podía salir con cara de Barbie. Tenía que salir con el ceño fruncido y una cierta actitud agresiva.

-La gente siempre cree que el personaje es la persona. Es la gente que cree que porque Julia Roberts hizo “Pretty Woman” tiene que ser puta…. Es un personaje que era necesario en un momento en que el periodismo era un relajo.

-Durante algunos años las preguntas fueron duras. Ahora hemos regresado a la escuela versallesca de mi amigo el Marqués de Valero de Palma en Caretas. ¿Orígenes? ¿Educación? Esa es la entrevista con la que sueñan muchos. Felizmente que no es la suya.

-Es imposible en la televisión abierta hablar como estamos hablando…. Es imposible que haya un asomo consistente por la cultura, con un cierto brillo, la neurosis está prohibida, las confesiones incómodas también. Todo es rito superficial donde nada es lo que parece y todo parece ser.

-La única contribución que me puedo atribuir o reclamar es devolverle un poco de dignidad a un gremio donde muchas veces los periodistas se creen empleados.

-Probablemente he pecado de arrogancia en esta entrevista también. Pero le explico: es inexorable. Porque la arrogancia cuando no tiene mala fe y surge del carácter es una suerte de estilo inevitable. En todo caso, es humilde reconocer que soy arrogante.

 

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