Atlanta: el nuevo epicentro del hip-hop

Desde la consolidación de Outkast en los 90s, el ‘melting pot’ del sur norteamericano marca el ritmo del género junto a Nueva York y Los Angeles. (Una crónica de Paul Alonso, publicada en el diario El País, de España, enero, 2014).

Una voluptuosa mujer afroamericana cubierta por un entallado vestido negro que le marca las caderas lo presenta como el nuevo representante del hip-hop del lado este de Atlanta: Scotty ATL—lentes oscuros, aro en el lóbulo de la oreja izquierda, gorra con el símbolo $—muestra los dientes frontales de oro. Viste de negro; lleva los pantalones a la mitad de las nalgas y exhibe ropa interior de color azul. Las zapatillas Nike de básquetbol tienen rayas blancas y naranjas. Su polo de manga larga tiene inscrito el nombre de su cofradía o clique: The Cool Club (no lames allowed). “Se refiere a mí y a mis hermanos que perseguimos el sueño y la música. Nos apoyamos; es una relación recíproca de dar y recibir. Somos cantantes, productores, artistas, DJs, amigos”, me explicará Scotty una hora después en el backstage.

Estamos en Masquerade, un local de música en Poncey-Highland, en el corazón de Atlanta, Georgia. Es sábado por la noche. Hace frío (4 grados centígrados), porque el viento helado se cuela por las cortinas de plástico de las puertas abiertas. Es un show íntimo: hay alrededor de 100 personas (estimo que 60% de hombres y 40% de mujeres). Los hombres en su mayoría visten de manera informal, con prendas holgadas y capuchas o gorras que les cubren las cabezas. Las mujeres se aprietan en vestidos o pantalones pegados que delinean sus curvas morenas. Varias de ellas usan tacones altos (de alrededor de seis pulgadas), que les hace difícil caminar, pero les marca con mayor intensidad el trasero. La mayoría de los concurrentes son afroamericanos (hay un par de chicas blancas). Y yo.

Las luces azules y rojas iluminan sobre el escenario a Scotty ATL, quien es el plato fuerte de la noche. Huele a marihuana. Junto al Molly—una variante en polvo del MDMA—es la droga más popular en la escena del hip hop. Antes de Scotty se han presentado cuatro rappers, pero él es el único que rapea no sólo con un sintetizador, sino también con una banda de cuatro músicos (guitarra, bajo, batería y teclados). Scotty incluye temas de sus cuatro grabaciones—Summer Dreams (2011), In the Meantime (2012), The Jiffy Cornbread Experience (2012) y Faith (Forever Atlanta in My Hearth). Este último es, según Creative Loafing (el semanario más prestigioso de la ciudad), el mejor mixtape de Atlanta del 2013 y Scotty ATL, uno de los artistas de hip-hop más prometedores de la escena actual.

“Scotty tiene todos los componente de un buen artista”, me dice Lecrae, un conocido músico y productor local. “Buenas letras, música real, honestidad, transparencia. Muchos cantan sobre cosas que nunca hicieron. Él es real”.

Scotty ATL tuvo un padre ausente, fue basquetbolista, vendedor de drogas, marginal. Su madre lo introdujo a la música (sonaba 2Pac en la casa) y aprendió a rapear en las calles. “Yo sólo canto sobre lo que vi mientras crecía”, dice Scotty. “Mi música se trata de contar mi historia de vida. Y quizá inspirar a otros para que sepan que pueden llegar a un lugar mejor”.

Sin embargo, aclara que el hip hop no se trata sólo sobre la marginalidad y la vida callejera. “Antes todo era sobre el ‘gansta rap’ y el ‘hood’, pero ahora hay muchos tipos”, dice Scotty. “Las calles siempre estarán ahí para conectar con ellas. Son fundacionales al rap. Pero el género ha evolucionado y se ha diversificado”.

Un día, cargado de drogas, Scotty llegó a un grupo de estudio de la biblia. Tras un periodo de reflexión, dejó la marginalidad y se entregó por entero a la música y a un nuevo estilo de vida que describe en The Game : I’m game/ G is for getting it/ A is for all day/ M is for money/ E is for everything. Este juego del hip hop es en realidad un negocio multimillonario que atrae constantemente a nuevos jóvenes. En Atlanta, uno levanta una piedra y hay un nuevo rapper. Son pocos, sin embargo, los que destacan y se elevan en la jerarquía de una subcultura con códigos propios. Tras el reciente éxito de 2 Chainz, Future y Trinidad Jame$, otros rappers emergentes que destacan en Atlanta son: Two-9, Rome Fortune, Migos y Go Dreamer.

El hip hop, nacido en los guetos del Bronx en 1970s, se ha desarrollado en las tres costas de Estados Unidos. Las subculturas de Nueva York y Los Angeles fueron escenarios privilegiados del movimiento y de las productoras pioneras, pero, según The New York Times en 2009, Atlanta es el nuevo “centro de gravedad del género”. Atlanta es a la vez la capital del hip hop sureño, también llamado “Dirty South” (junto a Nueva Orleans, Houston, Memphis y Miami), que ha cultivado un excéntrico estilo marcado por el soul y el uso del TR-808 (Roland TR-808 Rythm Composer), una de las primeras cajas de ritmos programables.

A mediados de los 90s, el auge de OutKast, Goodie Mob y Organized Voice confirmaba que Atlanta tenía una nueva propuesta marcada por la diversidad y la innovación. Esto respondía al carácter híbrido de la ciudad: el “melting pot” del sur. Aquí se consolidaron los subgéneros: snap (más bailable; ejemplo: “Lean Wit It, Rock Wit It” de Dem Franchize Boys), trap (que habla del submundo de las drogas; ejemplo: “24’s” de T.I), crunk (que viene de “crazy drink” y es una mezcla con electrónica; ejemplo: “Get Low” de Lil Jon & The East Side Boys) y pop rap. En esta historia, algunos nombres esenciales del hip hop en Atlanta son Lil Jon, Kilo, B.o.B, Ciara, Ludacris, Pastor Troy, T.I, Arrested Development, Young Jeezy, Gucci Mane y Killer Mike. Y el evento que condensa la escena es el festival A3C (All 3 Coasts), uno de los eventos más grandes de hip hop y que se realiza en Atlanta desde hace nueve años en octubre.

Sin embargo, el surgimiento de Atlanta como motor del hip hop y su establecimiento como capital de música urbana en el sur de Estados Unidos no empezó con Outkast en los 1990s. “Atlanta era ya el lugar donde en octubre de 1949 la primera estación de radio afroamericana, WERD, salió al aire. La primera voz que se emitió fue la de Jack “the Rapper” Gibson”, escribió Roni Sarig, autor del libro Third Coast: OutKast, Timbaland, and How Hip-Hop Became a Southern Thing.

En 1977, Jack “the Rapper” Gibson inauguró su famosa convención anual en Atlanta. “Durante dos décadas, la convención reunió a figuras claves de la música urbana—programadores de radio, ejecutivos de disqueras, artistas, aspirantes”, escribe Sarig. “Al mismo tiempo, Atlanta ya se establecía como la capital del Nuevo Sur y—gracias en parte a una migración inversa que traía a los negros de vuelta al Sur en décadas recientes—era el hogar de la más grande masa de afroamericanos prósperos, educados y creativos de la región (quizá del país). Todo esto se junto en los 1990s para crear la infraestructura de la industria musical que aún existe hoy”.

Una de las crítica recurrentes al género del hip hop es una tendencia sexista en su manera de representar a las mujeres (como objetos sexuales, ‘bitches’ y ‘hoes’). Varios estereotipos además se refuerzan en la exitosa serie “Love & Hip Hop: Atlanta”, emitida por VH1 sobre las vidas de mujeres ligadas al hip hop.

“La música y mucho de su contenido está diseñado para el entretenimiento”, dice Erika Benson-Martin, una periodista de música de Creative Loafing. “El sexo vende y el hip hop lo ha capitalizado. Las mujeres en el hip hop son a menudo tratadas sin respeto. Como mujer, a veces me impacta mucho lo que escucho. No me gusta y me confunde pensar porqué a otras mujeres les podría gustar. Pero al mismo tiempo, creo que uno debe poder separarse de lo que es supuestamente entretenimiento. Lo que la gente no se da cuenta es que muchos rappers en realidad son hombres casados, con hijos, que no viven esa vida de fiestas, drogas y sexo que venden. Es entretenimiento”.

Sin embargo, en una industria dominada por los hombres, hay figuras femeninas que han dejado huella: Da Brat, Shawnna, Khia, Rasheeda, Diamond. Algunos de los nombres más interesantes de la escena reciente son femeninos: staHHr, Lyric Jones, Khalilah Ali, Sa-Roc, Adrift da Belle y Boog Brown. Y cada vez aparecen más mujeres entre los rappers jóvenes. Una de ellas es Chiiirp. Su nombre real es Mercedes Randall, original de Detroit, 23 años, Géminis. Le gusta Eminem, Red Hot Chili Peppers, y Marilyn Manson. Es artista plástica (está trabajando en una serie de pinturas sobre el control de armas en Estados Unidos). Estamos en una pizzería en el área bohemia de Edgewood, un par de horas antes de que suba al escenario en el Music Room (el local del costado). Su primer mixtape se titula Killa y el video de su tema Hummaside deja en claro su expresionismo visual.

“Como artista, para mí lo importante es crear shock en mi espectador”, me dice Chiiirp. “Hacerlo pensar que ‘esto es anormal’. Pero cuanto más aberrante le parezca más se va a acercar a mi arte. Me gusta empujar los límites para hacer que la gente piense ‘me gusta esto, pero es tan raro. ¿Qué dice eso de mí? ¿Qué es lo normal?’”

Dos horas después, Chiiirp se trepa al escenario frente a una audiencia de alrededor de 80 personas. Coloca una caja negra al centro del escenario, se quita la polo, se queda en una maya negra pegada al cuerpo. Mira al frente. Empieza a temblar; sus ojos se ponen en blanco. Aumenta la intensidad hasta llegar a una mímica de colapso nervioso y parece poseída por un demonio. Mancha su boca y sus dientes con pintura roja líquida que simula sangre fresca. Y empieza a rapear canciones de desamor y de urgencia.

“Mi show es una pieza de performance art… Cuentos historias que se relacionan con los sentimientos y emociones humanas: amor, dolor, felicidad, odio… En el escenario me siento más libre que nunca”.

En medio del espectáculo, Chiiirp se tira cachetadas a sí misma. Una mujer sube al escenario y le amarra las manos contra la espalda. Parece como si tuviera una camisa de fuerza. Le ponen el micrófono en el suelo. Ella se deja caer hasta que su boca alcanza a rozar el micrófono. Ahí, tirada en el suelo, amarrada con una camisa de fuerza y con la boca llena de sangre fresca, grita una de las principales consignas del género (o acaso del arte en general): “Fuck you”.

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